La búsqueda de la armonía cerebral

Seguro que todos tenemos en mente un ejemplo de alguna persona a la que podríamos calificar como impulsiva, visceral o sensible. Del mismo modo tampoco nos resultará complicado pensar en un ejemplo de persona analítica, fría y calculadora.

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Si nos ponemos a compararlos encontramos que ambas personas pueden parecer prácticamente opuestas y que probablemente nosotros mismos nos podamos identificar en mayor o menor medida con alguna de las dos personas en función de la situación. Por ese motivo, en este artículo de psicología hablaré sobre la Armonía Cerebral, para entender mejor cómo funciona el cerebro.

Y es que parece que dentro de nuestra cabeza tengamos dos partes en disputa permanente por hacerse con el control de nuestro cerebro, cuando en realidad ambas persiguen unos mismos fines, que son nuestra propia supervivencia y nuestro propio bienestar, de ahí surge la idea de buscar esa armonía cerebral.

Un Cerebro Dividido

Analicemos cada una de las dos partes.

Por un lado tenemos nuestra parte más reflexiva. Ésta se encarga, por una parte, de recoger la información que se percibe tanto del medio exterior como del interior del organismo, la procesa y le da un significado. Y, por la otra, de establecer planes de actuación y toma de decisiones anticipando el futuro con la finalidad antes mencionada: procurar nuestra supervivencia y obtener bienestar.

Por otro lado tenemos nuestra parte más impulsiva, caracterizada por la búsqueda de la satisfacción inmediata de nuestras propias necesidades. Ésta, a través de sensaciones corporales envía constantemente señales al cerebro informándole del grado de malestar o bienestar. Es el motor de nuestra conducta, la que genera la energía que nos mueve a actuar.

Entre estas dos partes es donde hay que encontrar la armonía cerebral, para intentar que no domine una sobre la otra, o por lo menos que no nos perjudique en las situaciones que actuemos.

La Misma Estructura en una Pequeña Empresa

Pensamos ahora en la estructura más elemental de una empresa. En ella encontramos un cuerpo directivo y un cuerpo de empleados. Si analizamos la función de cada uno de los cuerpos por separado, podemos encontrar equivalencias con el funcionamiento del cerebro.

Suponiendo que el cerebro es una empresa, la parte racional equivaldría a la directiva, que define los objetivos y diseña un plan de acción a medio-largo plazo para alcanzarlos. Al mismo tiempo analiza la situación financiera, las posibilidades de mercado y los recursos materiales y humanos con los que cuenta para asegurarse de que esos objetivos entran dentro de sus posibilidades e ir redefiniéndolos en función de los cambios a lo largo del tiempo.

La parte de las emociones equivale pues a los empleados, que son quienes constituyen el motor de la empresa, quienes primero padecen las consecuencias de las actuaciones que lleva a cabo la empresa y que con su mayor o menor satisfacción pueden condicionar su rendimiento en el día a día.

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Importancia de Nuestra Razón y de Nuestras Emociones en la Armonía Cerebral

Así pues, la empresa no puede prescindir ni de su directiva, ni de sus empleados, ni de la satisfacción de sus necesidades, ya que esto llevaría a su hundimiento y fracaso. Por lo tanto, ambas figuras desempeñan una labor fundamental y se pueden gestionar encontrando la armonía cerebral.

En el caso del cerebro, si nos dejásemos guiar únicamente por nuestras emociones nos convertiríamos en personas sumamente impulsivas e irreflexivas, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos a largo plazo ni tampoco el perjuicio que podamos ocasionar a otras personas.

Si por el contrario, prescindiéramos de nuestras emociones, nos convertiríamos en personas apáticas, desmotivadas, apagadas y sin energía. Y si, aun conservando la parte la parte emocional, actuásemos ignorando las señales que nos mandan, nos transformaríamos en personas frustradas e infelices.

Es por tanto, imprescindible contar con ambas partes, conseguir la armonía cerebral, pero el problema es que como se ha dicho al principio, la activación de una implica la inhibición de la otra y viceversa. ¿Entonces qué podemos hacer para gestionarlas adecuadamente? ¿Cómo conseguir llegar a la armonía cerebral?

Es imprescindible contar con la parte emocional y la racional Clic para tuitear

Armonizar Razón y Emoción

En este caso, es a partir de nuestra parte racional como podemos controlar nuestras emociones. Por ello, la usaremos para decodificar las señales que nos mandan nuestras propias emociones, para así comprender qué es lo que sentimos, y esperar y calcular el momento más adecuado para satisfacerlas.

Precisamente, cuando hablamos de inteligencia emocional, hablamos de la capacidad para comprender nuestras emociones y las de los demás y de gestionarlas adecuadamente.

Y técnicas como la meditación o el mindfulness se han demostrado tan exitosas en terapia psicológica, ya que en ellas se trabaja la conexión de la mente con las señales emocionales y físicas que transmite nuestro cuerpo pudiendo llegar a una buena armonía cerebral.

Al igual que sucede en nuestro cerebro, una empresa rendirá mejor en la medida en que sus directivos conecten con las necesidades de sus empleados y sepan canalizar su energía hacia el logro de unos objetivos realistas.