Psicología

Cómo superar un duelo

By 18 noviembre, 2019 No Comments
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La muerte. Cuesta hasta leerlo. A muchos no nos gusta hablar de ella porque nos recuerda que algún día va a llegar para nosotros y cuesta asimilar que ya dejaremos de estar aquí o, también terriblemente doloroso, podemos dejar de tener al lado a un ser al que queremos y apreciamos (tener que pasar por un duelo).

Nos cuesta hablar de la muerte e, incluso, muchos desarrollan fobia hacia ella (“tanatofobia” se llama).

¿Qué ocurre cuando intentamos evitar hablar sobre algo? Que no aprendemos o nos desinformamos sobre ello. Es como cuando alguien llora desconsoladamente a nuestro lado y no sabemos cómo actuar y consolar a esa persona: si abrazarle o darle espacio, si hablarle o permanecer en silencio, si llorar con ella o permanecer impasible,…

Nos sentimos incómodos ante aquello que desconocemos cómo hacerle frente o tiene una carga negativa. De ahí este artículo.

Hoy hablaremos de los duelos, en qué consiste, cómo vivirlo y/o qué hacer en caso de que tengamos que acompañar a otra persona ante una pérdida.

 

¿Qué es un duelo?

Un duelo es aquel proceso emocional de adaptación tras el fallecimiento de un ser querido. También se pueden llevar a cabo duelos ante la muerte o extravío de una mascota, por ruptura con una pareja e, incluso, debido a la pérdida de un objeto o cambio de una situación deseable (por ejemplo, despido de un trabajo).

Cuando vivimos un duelo, podemos desarrollar las siguientes fases descritas por la famosa psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su libro “Sobre la muerte y los moribundos” (1969):

  • Fase de Negación:

En esta fase, existe la incredulidad ante la pérdida, es decir, no podemos creer que ha ocurrido, pese a que lo sabemos. Podría pensar que está viviendo una especie de sueño (o pesadilla) y se siente en “shock”.

La importancia de esta fase radica en que nos ayuda a dosificar el dolor de la pérdida, a protegernos de que se produzcan todos los sentimientos de golpe desde el principio.

También comenzaremos a repasar todo lo sucedido: cómo ha pasado, por qué ha ocurrido,… Al comenzar a aflorar los primeros sentimientos, la persona que realiza el duelo comienza a coger fuerzas para sobreponerse a la pérdida.

  • Fase de Enfado o Ira:

Podemos sentir este enfado o ira hacia el ser perdido (por “dejarnos”), hacia nosotros, hacia los médicos, otra gente del entorno, una divinidad,… No es bueno reprimirla, pues cuanto antes se sienta, antes se eliminará y podremos continuar con el proceso de duelo.

Esta fase aflora ante la sensación de injusticia por la pérdida.

  • Fase de Negociación:

Llegados a esta fase, la persona doliente comenzará a imaginar dimensiones paralelas donde los hechos son diferentes y van cambiando según las opciones tomadas: “y si…”, “ojalá…”, “¿qué habría pasado si…?”.

En esta fase, en la que volveremos al pasado a encontrar diferentes desenlaces, podremos sentir culpa por aquello que pudo hacer y no hizo para evitar o cambiar aspectos de la pérdida.

  • Fase de Depresión o Dolor emocional (tristeza):

La más conocida de todas las fases para un duelo (en nuestra cultura) es la tristeza o sentimientos negativos depresivos.

Aparece una sensación de vacío, de frío y de estar incompleto. Aquí la persona que desarrolla el duelo puede pensar que este va a durar para siempre y nada ya importa, pues esa persona ya no va a volver.

La persona debe permitirse llorar, estar triste y notar ese vacío. Pese a lo que puede parecer a priori, el exteriorizar todo esto hará que la persona vaya reconstruyéndose y haciéndose cada vez más fuerte ante la pérdida.

  • Fase de Aceptación:

La última etapa de un duelo en la que aceptamos la situación real de la pérdida y que esta es permanente.

No se trata de sentirnos ya bien y recompuestos de todo, sino de aceptar la realidad que estamos viviendo.

Comenzaremos a vivir en un mundo en el que ya no está ese ser querido y/o nuestra situación vital ha cambiado.

En esta fase, la persona tratará de recordar (sin autodestruirse), recomponerse (sin estar 100% curado) y reorganizarse (deja de centrar sus energías en la pérdida y las traslada a su nueva vida sin esa persona, mascota, trabajo,…).

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Cosas importantes a tener en cuenta sobre estas fases: no tienen por qué ser consecutivas (en ocasiones, la persona que está viviendo el duelo saltará de una a otra, sin un patrón definido, pudiendo revivir algunas) y/o no tiene por qué pasarlas todas (se dan casos en los que la persona que vive el duelo no pasa por todas las etapas).

También es relevante a la hora de realizar un duelo quién es el ser querido o qué es aquello perdido, el apego desarrollado con el sujeto o situación perdida, el cómo sucedió, otros duelos llevados a cabo en el pasado, etc.

Otras consideraciones sobre un duelo serían que no podemos definir lo que es un duelo “correcto” o “perfecto”, pues todos son diferentes (pues las personas que los vivimos también lo somos), no existe un tiempo 100% adecuado (aunque algunos autores afirman que entre 6 meses y 1 año sería un periodo de tiempo aceptable) y existen también muchas diferencias culturales (no se viven igual en todas las culturas).

La importancia de llevar a cabo duelos

Realizar duelos es algo NECESARIO y cada vez lo veo más claro. Ni te imaginas la cantidad de personas que he tenido en consulta en Valencia (España) que se encontraban mal, con sintomatología depresiva, tristes, estancados o temerosos y todo se debía a estar arrastrando un duelo “evitado”.

Lo sé, sentir emociones desagradables como la tristeza o la ira no son de buen gusto, pero evitarlas no va a hacer que la situación sea más llevadera (puede que a corto plazo sí, pero te aseguro que a largo plazo no) o la va a hacer menos real (la pérdida es real, guste o no).

Esconder emociones o situaciones bajo la alfombra, solo hace que la alfombra tenga cada vez más guardado debajo, no que esto vaya a desaparecer y, sintiéndolo mucho, aquí el “ojos que no ven, corazón que no siente” no puede cobrar fuerza en términos de a largo plazo.

Es necesario cerrar capítulos para empezar otros nuevos y para ello conlleva pasar por un duelo, nos guste o no.

Consejos para llevar a cabo un duelo

En el caso de que estés viviendo un duelo o vayas a pasar por él próximamente, me gustaría darte algunos consejos para poder realizarlo de la mejor y más saludable forma para ti.

  • Expresa todo lo que sientas: entiendo que la situación no es fácil, que duela hablar de ello y que, no hacerlo, hace que todo deje de ser tan real, pero necesitas desahogarte y soltarlo todo para poder seguir adelante.
  • No te quedes encerrado/a en casa todo el día: sé que es complicado encontrar las fuerzas para seguir con tu día a día y que lo que menos te apetece es rodearte de personas, pero esto a la larga te hará sentir bien, te lo prometo.
  • Entretente: haz actividades que solías hacer antes de comenzar el duelo, eso te ayudará a retornar a la rutina y a la estabilidad y eso hace que la montaña rusa se vaya apaciguando. Además, te vendrá bien para no pensar “de más” en tu pérdida.
  • No te descuides: sigue cuidándote, comiendo saludablemente, manteniéndote limpio/a, duerme y descansa e, incluso, practica ejercicio.
  • Pide ayuda si la necesitas: hacerte la/el fuerte puede parecer una buena idea para hacerle frente a tu pérdida, pero si notas que eso te dificulta expresar emociones o llevar a cabo las fases del duelo que te he explicado antes, pide ayuda a la gente de tu entorno, ellos/as te pueden hacer las cosas más llevaderas.
  • Recuerda a tu ser querido/a, mascota, situación,… (aquello que fue el motivo que desencadenó tu duelo) de una forma positiva: no lo asocies solamente con los malos momentos.
  • Acude al/a la psicólogo/a: si crees necesaria la ayuda de un profesional de la psicología para realizar un duelo, no lo dudes. Mejor tener una compañía profesional que nos guíe y sea un apoyo.

Consejos para ayudar a otra persona en su duelo

En cambio, puede que hayas llegado hasta aquí porque alguien cercano a ti está viviendo un duelo y no sabes cómo ayudarle. Por ello, te dejo unos pocos consejos para que te sientas útil para esa persona.

  • No menosprecies o hagas reprimir las emociones de la persona doliente: recuerda que, aunque puede que tú lo vivas o vivieras de otra forma, esa persona tiene derecho a sentirlo así. Escúchale.
  • Deja que se exprese: incluso anímale a que te cuente. Cuanto antes saque esa persona sus emociones, antes irá sobrellevando el duelo.
  • Hazle sentir que puede contar contigo: tanto con hechos como con palabras. Puede que ahora no crea o quiera necesitarte, pero saber que puede contar contigo en otro momento y saber que tiene en quien apoyarse, puede reconfortarle. Llámale o visítale de vez en cuando, eso es un buen gesto para demostrárselo.
  • Anímale a hacer cosas y a salir de casa: pero no le obligues a no tener sus momentos de soledad, pues necesita su espacio. Está genial que intentes sacarle de ese estado depresivo y triste, pero también debe pasar por él. Busca un equilibrio entre su momento a solas y momentos con gente.
  • Ayúdale a hablar y recordar de forma positiva el motivo del duelo: que no se quede solamente con el hecho de que lo ha perdido, sino con la emoción de que lo vivió y disfrutó de ello.
  • Acompáñale en momentos importantes o en trámites: hablar con la funeraria (en caso de fallecimiento), llevar documentación para trámites, acudir a las citas con el psicólogo (al principio), etc. En esos momentos, el/la doliente puede no sentirse con las fuerzas, ganas o facultades para realizarlo solo/a.

Quizá te interese este artículo sobre «Duelo: ¿cómo hablar con nuestros hijos de la muerte?».

 

El Dalai Lama dijo:

“Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”.

¿Podrías contarnos un buen recuerdo de esa persona/mascota/situación perdida que te hace sonreír cada vez que lo recuerdas?

Yo recuerdo cuando mi abuelo y yo paseábamos en bicicleta por el pueblo y sus campos. Es a día de hoy uno de mis lugares favoritos en el mundo.

María Cartagena

María Cartagena

La psicología ha sido desde el principio una devoción sin la que no imagino mi vida ni la de los demás, puesto que es algo que siempre nos ha acompañado, nos acompaña y lo hará en un futuro. La Psicología es la ciencia que estudia al ser humano con unos ojos científicos, pero con un “alma” pasional.

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