¿Cuándo no funciona una terapia de pareja?

En ocasiones la terapia de pareja no funciona. Sí, tenemos que aceptarlo, no siempre podemos ayudar a solucionar los problemas dentro de una pareja.

La terapia individual suele ser complicada de por sí en muchos casos, porque hay que ayudar a cambiar una serie de hábitos, de pensamientos y conductas y no nos suele gustar eso de “hacer las cosas de una forma diferente”. Nos gusta la rutina y las costumbres: es lo que hace que mantengamos nuestros esquemas y nuestro equilibrio.

Si ya es arduo el cambio en una sola persona, ¿qué pasa cuando son dos?

cuando la terapia de pareja no funciona-blog un pedacito de psicologia

Factores que obstaculizan una terapia de pareja

  • Uno de los miembros no quiere venir a terapia (lo hace por contentar al otro o se ve obligado). Creo que es el mayor obstáculo a la hora de llevar a cabo una terapia de pareja: sólo una de las partes quiere acudir a sesión para solucionar sus problemas y obliga o convence de forma superficial a la otra. El miembro que no “está por la labor” considera que “no existen tales problemas”, que “no es para tanto”, no cree en el trabajo de los psicólogos o no quiere “airear trapos sucios a desconocidos”. Esto seguramente se traducirá en falta de compromiso, no realizar tareas encomendadas, no acudir a las sesiones, ocultar información,…

 

  • El problema de “pareja” es secundario a un problema individual, pero no se quiere reconocer. Problemas tales como una adicción, depresión, baja autoestima, celotipia, trastorno más complejos (trastorno bipolar, trastorno límite u otros trastornos de personalidad),…

 

  • Uno de los miembros no sabe si seguir o no con su pareja. Normalmente, la pareja que llega a consulta suele hacerlo en las últimas, por lo que están ya muy “quemados” y no tienen tan claro si seguir o no con su pareja. Esto es un problema porque lleva a la poca implicación en el proceso, por lo que solamente tira uno, algo obviamente contraproducente para ambos.

 

  • Prejuicios sobre nuestra pareja. Es decir, que estamos “seguro/as” de que nuestra pareja no va a cambiar. Puede darse con el primer caso: nos convencen a llevar a cabo la terapia, pero estamos convencidos de que el otro/la otra no va a cambiar (seguramente porque haya prometido anteriormente dichos cambios y al final no los cumplió).

¿Cuándo no funiona una terapia de pareja?-blog-un-pedacito-de-psicologia

  • Mucho tiempo entre sesiones (falta de tiempo). Un gran problema que se presenta al ser dos personas quienes tienen que acudir a las consultas, es que pueden tener horarios laborales muy dispares y encontrar un buen momento para todas las partes es mucho más difícil, por lo que el tiempo entre sesiones se espacia más de lo debido y el trabajo ganado se pierde al volver a las costumbres (a menor supervisión del terapeuta, puede ser menor el progreso).

 

  • No hay confianza en el otro miembro (con episodios de infidelidad o sin ellos). La pérdida de la confianza en la pareja es devastadora para el proceso y es lo que más cuesta reparar. Se necesita de mucha implicación por ambas partes para cambiar esto y no todas las personas pueden restaurar la fe ciega en el otro o rehúsan a trabajarla (porque temen que se les engañen al no estar alerta).

 

  • Reproches del pasado, la incapacidad de perdonar. Otro gran obstáculo: ser incapaz de perdonar a nuestra pareja. Siempre les digo a mis pacientes que un aspecto fundamental de la terapia es hacer el esfuerzo en aceptar el pasado, pero sin reprocharlo en el presente (si hemos decidido trabajar en la pareja e intentar repararla, hemos de aceptar el pasado tal cual), pues estamos intentando crear algo “nuevo” y volver a “lo que me hiciste” es mantenernos en el pasado. Jamás podremos avanzar si seguimos viviendo en el pasado, pues es un lugar al que podemos acceder con la mente, pero no con las acciones: no lo podemos cambiar.

 

  • Dependencia emocional. Uno de los miembros sufre de dependencia emocional, por lo que su única motivación de acudir a terapia es para no perder al otro porque piensa que no puede vivir sin él/ella, no por su bien y el de la relación. Esto se puede prevenir llevando a cabo una terapia individual de forma simultánea o postergar la de pareja hasta después de finalizar la individual.

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  • Maltrato psicológico y/o físico. Si existe maltrato, la terapia de pareja es algo sin sentido, y más cuando puede estar acompañado de dependencia emocional (casi seguro) por la otra parte. También hablaríamos de un caso en el que es necesario aplicar una segunda terapia para el/la maltratador/a, de nuevo de forma simultánea o previa a la de pareja.

 

  • La familia, los amigos o terceros interfieren en el proceso. La terapia de pareja es eso: de pareja, pero a veces se nos “cuelan” terceras personas que pueden desmantelar el trabajo realizado en consulta, pues pueden hacer uso de chantaje emocional para llevarnos a la solución que ellos creen más conveniente y nosotros sentirnos en la obligación de hacerles caso para no quedar mal con ellos o para que no se enfaden con nosotros.

 

  • Falta de “feeling” con el terapeuta. Como en cualquier proceso psicológico, el vínculo que se establece con el terapeuta es casi decisivo a la hora de obtener los resultados que queremos, por ello, lo aconsejable es conocer a la persona que va a llevar nuestro caso o si vemos durante el proceso que no encaja con nuestra forma de ser, lo mejor para todos es comunicarlo.

 

Por todo ello, antes de una terapia de pareja debemos tener en cuenta todos estos factores. Si estamos dudosos, siempre podemos comentarlo con el psicólogo que hayamos “elegido” o seleccionado para que nos pueda aconsejar sobre el tipo de terapia a realizar.

Si os estáis planteando una terapia de pareja, poneos en contacto con nosotras y resolveremos todas vuestras dudas.