¿Tienes curiosidad? 5 razones para trabajarla

¿Notas que te encuentras estancado en tu rutina diaria? ¿Has aprendido a convivir con tu ansiedad pero crees que te falta “algo” para tener un mayor bienestar? ¿Consideras que “no tienes razones para quejarte”, pero aún así te gustaría vivir una vida más estimulante y con más sentido? ¿Sientes que te puede la incertidumbre y eso te hace perder oportunidades? Quizás no vayas desencaminado; y simplemente necesitas…¡que te pique la curiosidad!

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Posiblemente al evocar la palabra “curiosidad”, lo primero que en muchas ocasiones nos venga a la mente se circunscriba a personas que identificamos como curiosas, y personas que no identificamos como tal; como si se tratase de una característica que, al igual que otros atributos personales como la “generosidad” o “la pereza”, o bien poseemos y las personas de nuestro alrededor nos identifican con ella o bien no tiene nada que ver con nosotros y no forma parte de nuestra personalidad.

En consecuencia, si yo no soy una persona curiosa….¿para qué preocuparme?, posiblemente si no nos identificamos con dicho rasgo, acabe por no suponer algo de especial relevancia para nuestro día a día, ni algo a lo que prestemos especial atención.

Sin embargo, antes de dar por finalizada tu reflexión sobre si tú, querido/a lector/a, eres una persona curiosa o no, así como la relevancia que puede tener para tu vida, te invito a que sigas leyendo para descubrir en mayor medida esta característica y sus múltiples beneficios para tu bienestar….¡Vamos allá!

¿Curiosos por naturaleza?

De niños descubrimos cada segundo un mundo estimulante, lleno de sorpresas. Nos quedamos fascinados por colores atractivos, alelados ante sonidos únicos, hacemos 3000 preguntas por minuto, escalamos lugares peligrosos, probamos sabores extraños, recogemos objetos corrientes como si fuesen tesoros a resguardar. Aunque sentimos ansiedad, nuestra curiosidad nos lleva a ver el mundo con una mirada divertida, a ver cada experiencia como única, y el mundo, como un parque de atracciones.

¿Qué nos ha pasado? ¿En qué momento el mundo pasó de ser una aventura a una rutina monocorde?

Pues que hemos aprendido. Con el tiempo, aprendemos a no hacer preguntas en clase, a memorizar datos, a no cuestionar lo que pone en los libros. Aprendemos que lo importante son las respuestas frente a las preguntas, que lo que nos interesa es válido mientras nos sirva para encontrar trabajo. Crecemos y aprendemos a conformarnos con “no estar mal”, que lo que estudiamos con 20 años nos condiciona el futuro. Aprendemos que la ansiedad es negativa y hay que combatirla, que ser vulnerables es algo que tenemos que ocultar, que “más vale lo malo conocido…que lo bueno por conocer”.

Finalmente llegamos a adultos. Llegan las responsabilidades, las obligaciones, las rutinas, los estructurados planes de vida que nos ayudan a gestionar un mundo marcadamente incierto . El estudiar una carrera, el terminarla, el buscar un trabajo, encontrar una pareja, casarse, comprarse una casa y un perro….y seguir en definitiva, esquemas prefijados de lo que se supone que ha de ser nuestra vida, nos tranquiliza y aporta seguridad…pero también nos puede reducir oportunidades, al tintarse nuestra vida de frases como:

“Es lo que hay…”, “Es lo que tiene que ser”, “Es lo que me toca hacer…”, “Al menos tengo un trabajo, otros no tienen la misma suerte”. “Al menos tengo un sueldo, otros harían lo que fuese por tenerlo”. Tengo personas que me quieren, aunque a veces discutamos. “En realidad, no estoy mal…no me puedo quejar”.

Como veremos a continuación, reconectarnos con nuestra curiosidad nos permitirá recuperar la capacidad de elegir qué opciones queremos para nuestra vida, de disfrutarlas y optimizar el bienestar que nos aportan, y sobre todo… de pensar, desde la libertad, que existen infinitas posibilidades y que nuestra vida puede ser diferente a como ha sido hasta ahora.

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¿Qué es la Curiosidad?

“Mucho más que una característica personal”

Autores como Todd Kashdan, definen la curiosidad como un reconocimiento voluntario, búsqueda y autorregulación de situaciones y oportunidades, novedosas y retadoras, fundamentalmente asociadas a nuestros valores e intereses más profundos. ¿Qué quiere decir esto?

Que en primer lugar, es un mecanismo que todos poseemos y que está relacionado con la búsqueda y la exploración de actividades, relaciones y experiencias que nos suscitan interés por sí mismas, y que pueden conectar con nuestros valores, es decir, lo que consideramos más significativo en nuestra vida.

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En ese caso… ¿Para qué nos sirve la curiosidad?

La curiosidad nos lleva a cuestionarnos, a abrirnos a nuevas experiencias, a explorar, a descubrir y a descubrirnos, a hacernos preguntas, a aprender, a evolucionar, a crecer… a ampliar lo que somos y acercarnos a lo que podemos ser.

Pero… si es algo que todos poseemos ¿Por qué identificamos a unas personas como curiosas y a otras no?

Si atendemos un poco más de cerca la curiosidad, descubriremos que tiene dos componentes:

-En primer lugar, hemos de considerar la curiosidad como rasgo de personalidad. Esto hace referencia a que ciertas personas, muestran una mayor tendencia a buscar y a vivir experiencias estimulantes y novedosas, que impliquen abrazar la incertidumbre y adentrarse en lo desconocido. En consecuencia, hay ciertas personas que, teniendo una personalidad más marcada por la curiosidad, la asumen e incorporen en mayor medida en su vida diaria. La importancia de concebir la curiosidad como un rasgo de personalidad, es, que contrariamente a hace una décadas, hoy sabemos que los rasgos de personalidad pueden cambiar. En ese caso, cultivando nuestra curiosidad de forma específica, desarrollándola como un hábito, nos hará personas con mayor tendencia a la curiosidad. Y como veremos a continuación…

La curiosidad será nuestro mejor aliado contra la incertidumbre y un potente recurso para aumentar nuestro bienestar.

-Sin embargo, también podemos considerar la curiosidad como estado temporal. En este caso, hacemos referencia a que ciertas actividades, ciertas personas, ciertos estímulos de nuestro ambiente, nos intrigan, nos incitan a saber más: es una relación entre el individuo y una actividad concreta, tanto interna, como externa.

  • Ese vídeo de facebook que viste porque te pareció curioso
  • Esa chica con sombrero con la que hablaste, porque su estilo te pareció intrigante.
  • Ese profesor que la universidad o del instituto que nos hizo interesarnos por su materia.
  • Ese título o una frase de libro que nos incitó a leerlo.

Innumerables situaciones cotidianas nos suscitan la curiosidad, bien sea con respecto al mundo que nos rodea: temáticas, actividades, personas, objetos, sonidos, olores y hasta nosotros mismos y el cómo reaccionamos en ciertas ocasiones puede ocasionarnos cierta curiosidad, al plantearnos que nos gustaría conocernos mejor.

Entender que la curiosidad también es un estado temporal, nos va a permitir trabajarla asociada a actividades, personas y momentos concretos. ¿Y qué significa esto?

¿Por qué esa actividad nos suscita curiosidad y no otra? ¿Recuerdas alguna situación en que, habiéndote interesado por algo en particular, hayas perdido finalmente la curiosidad? ¿Por qué? ¿Qué características tiene que tener la actividad para que se mantenga nuestra curiosidad? Cultivar nuestra curiosidad implica plantearnos éstas preguntas para que en última instancia, como veremos posteriormente, nos sirva para explorar nuestros gustos, y nuestras pasiones.

Reaprendiendo Curiosidad: 5 razones para desarrollarla.

  1. El mejor antídoto contra la incertidumbre.

¿Qué ocurrirá si dejo éste trabajo? ¿Encontraré otro? ¿Y si no lo consigo? ¿Me llamará ese chico guapo del otro día? ¿Cómo reaccionará mi jefe si le pido un aumento de sueldo? ¿Qué hará X partido político si llega al poder? ¿Cómo afectará a mi vida?

Al mismo tiempo que vivimos una época que podríamos denominar sin precedentes, constituida por unos avances tecnológicos y comunicativos,  influencias multiculturales y  ampliación de libertades personales que nos abre infinitas posibilidades sobre quiénes podemos ser y los caminos a tomar en nuestras vidas, la incertidumbre permanece marcadamente presente en nuestra cotidianidad. La crisis económica, los cambios políticos acelerados o la inestabilidad laboral, facilitan y potencian nuestra ansiedad, nuestra necesidad de saber qué ocurrirá mañana y refuerzan nuestro deseo de controlar nuestro futuro y nuestra vida.

Pero tranquilo….¡A todos nos ocurre! Los seres humanos necesitamos tener una sensación de control, sobre nosotros mismos y nuestro ambiente y necesitamos desarrollar estrategias para predecir lo que va a ocurrir. Generalizamos, planificamos, nos organizamos y predecimos constantemente el comportamiento de las personas a nuestro alrededor para poder vivir y adaptarnos día tras día ¿Te imaginas si tuviésemos que interpretar cada situación que nos ocurre como irrepetible y distinta de las demás? Si cada vez que nos saludamos con alguien, lo viviésemos como algo diferente y pensásemos en todas las posibilidades en que podría reaccionar nuestro interlocutor ¡Nos volveríamos locos!

Por ello la incertidumbre siempre nos provoca reacciones encontradas, que nos desestabilizan:

  • Por una parte nos provoca ansiedad. La ansiedad es una emoción negativa, en la medida en que nos provoca sensaciones desagradables, pero cuya funcionalidad reside en ser un sistema de alarma, que se activa ante posibles eventos futuros considerados como amenazantes. Por tanto, es una emoción que a pesar de vivirla con carácter aversivo, es útil para nuestra vida porque que nos aporta energía, nos moviliza, para afrontar las posibles amenazas futuras. La ansiedad, mientras se encuentre en un rango de intensidad moderada y no suponga una intensidad desadaptativa, nos facilita la energía para afrontar situaciones amenazantes, favorece la evitación de pérdidas y el mantenimiento del control de nuestro medio.

  • Pero también sentimos curiosidad. La curiosidad constituye la segunda cara de la incertidumbre. Un mecanismo de búsqueda y de exploración, que si potenciamos y desarrollamos, podremos usar para lidiar con lo desconocido y con nuestra ansiedad. Mientras que la ansiedad nos cierra a nuevas oportunidades, la curiosidad nos lleva a explorar y a desarrollarnos a nosotros mismos. Aunque por un lado podamos tener herramientas para gestionar nuestra ansiedad, y mecanismos para entenderla y usarla a nuestro favor, el desarrollar nuestra curiosidad nos permitirá dotarnos de un nuevo bagaje de recursos para afrontar la incertidumbre y el futuro. Transformando nuestra curiosidad en un hábito, aprenderemos a:
    • Ser más flexibles.
    • Adaptarnos a multitud de situaciones desconocidas.
    • Aumentar el número de experiencias significativas en nuestra vida
    • Ser más libres para decidir qué caminos tomar.
  1. La mejor forma de escapar de la rutina.

¿Recuerdas la última vez que hiciste algo por primera vez? Y con primera vez, no me refiero a esas tareas que no podemos evitar realizar porque forman parte de los percances propios del día a día. Hablo de hacer algo nuevo…estimulante, que te interesase por sí mismo conectando con tus valores y que, a pesar de quizás provocarte cierta ansiedad en un primer momento, decidieses dar el paso, y llevarlo a cabo……………………..¿Lo tienes?

Muy bien, ahora te voy a pedir que me respondas a otra pregunta…¿Qué comiste el pasado lunes a mediodía?

¿Notas la diferencia? Posiblemente la primera situación, asociada a sensaciones estimulantes, novedosas, y que compartían una parte de ansiedad y una parte de curiosidad te aparezcan más claramente al recordarlas. Es probable que recuerdes multitud de detalles como: si era de mañana, o de tarde, con quién estabas, cómo te sentías, lo que pensaste aquel día, e incluso es posible que ¡hasta el día que era!…¿Puede ser?

Y con respecto a la segunda situación, a menos de que fuese un día especial y hubiese un evento que rompiese tu rutina diaria, con bastante probabilidad tu recuerdo fuese bastante difuso o incluso…¡inexistente!… ¿Me equivoco?

Descuida, ¡no eres el único! Lo primero que necesitas saber es que: Aquellas experiencias que son novedosas y estimulantes, generándonos curiosidad y ansiedad al mismo tiempo, bajo el prisma de la incertidumbre y de lo desconocido son aquellas que en última instancia te aportarán las emociones más placenteras y persistentes; en definitiva, son las experiencias que quedarán grabadas en tu memoria y que te generarán un mayor bienestar y más duradero.

Por eso quizás recuerdes con más nitidez: tu primer beso… aquella conferencia que impartiste delante de tantas personas a pesar de los nervios…, aquel curso que hiciste de cocina tailandesa sin haber cocinado nunca… aquél día en el que finalmente nada salió como lo planeado… Los primeros momentos de conocer a una persona intrigante o aquella vez que te equivocaste de camino…y descubriste nuevos rincones de tu ciudad.

Aunque quizás éstas situaciones hayan sido fruto, en muchas ocasiones del azar, lo cierto es que tenemos un gran poder para provocar en mayor medida éste tipo de situaciones en nuestra vida. Trabajar nuestra curiosidad nos va a permitir crear recuerdos que guardaremos en nuestra memoria, experimentar momentos que nos hagan sentir vivos y que nos hagan crecer. Mientras la ansiedad nos permite evitar pérdidas, mantener el control, y alimentar un sentimiento de seguridad, la curiosidad nos lleva a perseguir experiencias que nos hagan crecer, a abrazar la incertidumbre, a expandirnos a nosotros mismos.

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  1. Descubrir nuevas pasiones.

¿Alguna vez has pensado en lo que realmente quieres hacer? ¿Has escuchado a personas de tu alrededor y en los medios de comunicación hablar de vocación y no te sientes identificado? ¿Te gustaría descubrir tu pasión en la vida? ¿Te preguntas si tu día a día podría ser diferente?

Quizás no te sientas identificado con estas preguntas y tu vida es exactamente como deseas. Repleta de experiencias memorables, de momentos que te hacen sentir vivo/a y verdaderamente llena de personas que conectan con tus valores, haciendo un trabajo que te resulta absolutamente vocacional. Pero quizás la reflexión anterior te resulte familiar…

La principal razón por la que la curiosidad te ayudará a encontrar tu pasión es porque están intrínsecamente relacionadas. Piénsalo…

Inicialmente nos sentimos intrigados, atraídos por una actividad concreta. Tras un periodo de reflexión y de postergaciones, decidimos probar y experimentar. Si somos certeros a la hora de seleccionar la dificultad de la tarea, y comenzamos con algo que nos exija ligeramente por encima de nuestras capacidades…posiblemente mantengamos la curiosidad. Lo que inicialmente fue cosa de un día se convertirá en un pequeño hábito. Progresivamente, la curiosidad inicial se convertirá en interés. Querremos comprender en mayor medida cada detalle de lo que realizamos, habremos progresado y nos sentiremos más competentes y adicionalmente quizás estemos rodeados de personas que también lo estén haciendo, compartiendo vivencias, emociones y reflexiones.

Con el tiempo notaremos, que contrariamente a otras cosas, disfrutaremos de realizar la actividad como algo en sí mismo y cada vez dedicaremos más tiempo y energía a la misma. La actividad se habrá vuelto algo importante para nosotros, algo que valoramos de forma significativa, una de las cosas que dan sentido a nuestro día a día, en lo que nos sentimos auténticos, y en definitiva: nosotros mismos. Nos da energía, nos dinamiza, nos ilusiona, nos aporta bienestar y en última instancia lo incorporamos como parte inestimable de lo que somos: el interés se habrá convertido en pasión.

Más allá de su relación intrínseca, desarrollar tu curiosidad te podrá ayudar a encontrar tu pasión de dos maneras:

  • La curiosidad hacia fuera: la exploración. En este caso asociada al mundo exterior, a la experimentación con el ambiente que nos rodea. La exploración es importante debido a que, aunque en muchos casos deseemos encontrar nuestra vocación o nuestra pasión en la vida, ponemos demasiados filtros de antemano (referidos tanto a nuestras expectativas como a las de los demás).
    Desarrollar esta curiosidad nos permitirá contactar con nuevas actividades, personas, y en definitiva, nuevos caminos sobre quiénes somos y quiénes podemos ser. Y con ello, seremos capaces de observar el detalle novedoso, estimulante que anteriormente pasaba desapercibido.
  • La curiosidad hacia dentro: la introspección. Aunque normalmente identificamos la curiosidad únicamente como algo dirigido hacia fuera y que nos lleva a vivir experiencias novedosas, también puede darse hacia nosotros mismos. Esta forma de curiosidad nos ayudará a encontrar nuestra pasión en la medida en que, una vez exploradas múltiples actividades desarrollaremos la capacidad de preguntarnos y de cuestionarnos por dentro qué nos hacen sentir, si conectan con algo significativo de lo que valoramos, o qué pensamos realmente sobre nosotros mismos al experimentarlas. Vernos por dentro será una buena brújula para indicarnos qué camino tomar, y desarrollar nuestra curiosidad facilita en gran medida dicha visión.

Finalmente, tanto aquellos que intuyen cual puede ser su pasión, como aquellos que la desconocen completamente suelen incurrir en la misma reflexión. “No sé si esto es realmente lo que quiero”, y en consecuencia, esperan hasta estar lo suficientemente motivados, seguros, certeros, en su elección para realmente experimentar con ese nuevo camino. Sin embargo, la seguridad no llegará plenamente de antemano. Desarrollar y descubrir la propia pasión requiere un proceso que no puede darse antes de experimentarlo, sino una vez emprendido. Y desarrollar nuestra curiosidad nos ayudará a dar ese primer paso hacia posibles nuevas direcciones en nuestra vida.

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  1. Reforzar tus relaciones.

Al desenvolvernos en un mundo cambiante, como señalaba anteriormente, necesitamos mantener cierta estabilidad en nuestro día a día, en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a los demás. Necesitamos sentir que seguimos siendo los mismos con el paso del tiempo, y necesitamos predecir la conducta de las personas de nuestro alrededor para adaptarnos lo mejor posible a las diversas circunstancias que vivimos. Sin embargo, nuestras relaciones, tanto de pareja, como de amistades, u otro tipo también pueden volverse rutinarias, y pueden perder el fervor inicial, el dinamismo de antaño. Al conocer con mayor profundidad nuestras relaciones, cada vez nos generan menos sorpresa, nos estimulan menos y corren el riesgo de convertirse en algo estable…pero monolítico.

Como indica Todd Kashdan:

Desde el momento en que nos consideramos expertos en algo, dejamos de prestar atención.

Cuando creemos que conocemos plenamente a nuestra pareja o a nuestros amigos dejamos menos espacio a la sorpresa y a lo inesperado. Nos perdemos el disfrute del descubrimiento.

Cultivar nuestra curiosidad dinamizará nuestras relaciones de dos maneras:

  • En primer lugar, nos permitirá entrenar la mirada y la atención, para ser capaces de tomar conciencia de los pequeños detalles novedosos de la persona que tenemos delante. Cada persona es un mundo en sí mismo, con distintas dimensiones, y desarrollando nuestra curiosidad reconectaremos con nuestra capacidad de sorprendernos, de descubrir lo que hace únicos a nuestras relaciones y a las personas de nuestro alrededor, adentrándonos en la complejidad de cada persona concreta.

 

  • En segundo lugar… ¿Recuerdas la relación entre la rutina y la curiosidad? Pues aquellas experiencias que dejan huella en nuestra memoria y nos proporciona mayor bienestar, ¡también se aplican a nuestras relaciones! Desarrollar nuestra curiosidad  y adentrarnos en actividades nuevas y estimulantes con nuestra pareja o nuestros amigos nos ayuda a crear momentos únicos, compartidos, en los cuales con gran probabilidad descubramos dimensiones diferentes tanto de nosotros mismos como de las personas que nos rodean. En el caso de la pareja, por ejemplo, el potencial de estos momentos conecta con el hecho de que no serán de cada miembro de la pareja por separado, sino que formarán parte de vuestros recuerdos como pareja, de la propia relación.

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Además, los estudios científicos parecen avalar, que rememorar momentos únicos del pasado, compartidos con otras personas potencia nuestro bienestar. El compartir vivencias y actividades con otras personas cambia nuestra forma de afrontar el evento particular, nuestras emociones al respecto, así como la magnitud del acontecimiento en sí mismo.

¿Recuerdas las típicas “batallitas” que en alguna ocasión has rememorado con amigos o personas cercanas? ¿Recuerdas las sensaciones al hacerlo?

No te preocupes…te dejo un momento para recordarlo…………………………………¿Lo tienes?

Posiblemente sean positivas…¿Me equivoco? Alegría, nostalgia, entusiasmo, orgullo …o incluso ¡ataques de risa!.

En definitiva, cultivando nuestra curiosidad, aumentaremos nuestra capacidad de identificar lo único que percibimos en los demás y nos ayudará a crear momentos compartidos irrepetibles que reforzarán nuestras relaciones y quedarán como huellas en nuestra memoria y en nuestra vida.

  1. Desarrollar tus gustos.

A Antón le gusta comer. Al dedicar muchas horas al deporte, controla en gran medida sus comidas, milimétricamente estructuradas, pero no deja escapar la oportunidad de, alguna vez a la semana, irse con sus amigos a disfrutar de una buena cena. Atraído por el producto y la cantidad, no se priva de comer lo que durante la semana no ha podido probar y organiza la cena en un festín como si fuese un acto absoluto de celebración, recompensándose por los esfuerzos realizados durante la semana en el gimnasio.

A Gabriel le fascina la comida. Dedica tiempo a explorar sabores nuevos, desconocidos, y a redescubrir facetas ocultas de ingredientes que ya conocía. Ha aprendido a saborear la cocción de un pescado y la forma en que su sabor cambia desde una textura nacarada, ligeramente traslúcida, a una ligera sobrecocción. Ha descubierto que generalmente la chirivía no le gusta, pero que asociándola al chocolate blanco en una crema, le aprecia dimensiones que anteriormente, le pasaban desapercibidos. El café dejó de ser algo que solamente le despierta por las mañanas, y que comparte en compañía, para convertirse en una fuente de matices a explorar: desde notas afrutadas hasta achocolatadas. Con el tiempo, las temperaturas y densidades de las preparaciones no le dejan indiferente, y sabe qué elementos añadir, o cambiar en una preparación, para modular el sabor y traducirlo en unas sensaciones, u otras según su estado de ánimo o sus apetencias diarias.

Vemos que posiblemente, los dos ejemplos anteriores, se caractericen por el placer asociado a la comida. Quizás la diferencia resida en que, aunque podamos concebir que ambos casos se asocian al placer, posiblemente ambos no se asocien de la misma manera al disfrute. La diferencia consiste en que el disfrute se aprende. En ese caso…¿Cuál creéis que disfruta más?

Aunque en ambos casos, el placer esté presente, en el segundo ejemplo podemos observar un desarrollo del placer. Una exploración de sus distintas dimensiones, de la experiencia subjetiva de la degustación y el descubrimiento de un nuevo sentido a los sabores cotidianos, que aunque nos provocan placer, no nos resultan en muchas ocasiones memorables.

Cultivar nuestra curiosidad, nos va a servir de motor en el descubrimiento del propio disfrute. No solamente nos lleva a vivir nuevas experiencias, como señalábamos en apartados anteriores, sino que constituye el primer paso para disfrutar en mayor medida de las experiencias que ya vivimos en lo cotidiano.

La curiosidad nos puede llevar a aprender: Si nos gusta el Jazz…

  • El tipo de Jazz que nos gusta más.
  • En que momentos nos estimula en mayor medida.
  • Qué sub-corrientes nos atraen.
  • De qué años/ épocas lo disfrutamos más.
  • Qué nos hace sentir las distintas variaciones de dicho género.
  • Qué ritmos y sonidos nos atraen más.
  • Con qué autores conectamos.
  • Qué etapas profesionales disfrutamos más de dichos autores y por qué…

La curiosidad nos servirá de guía, de impulso de descubrimiento y de exploración, que nos permitirá convertir las experiencias ordinarias en extraordinarias.

Para concluir…

En definitiva, querido/a lector/a, es cierto que tenemos responsabilidades…. preocupaciones… temores… obligaciones y rutinas que no siempre nos hacen sentir como nos gustaría, ni dan sentido a nuestra vida como querríamos. Pero cultivando nuestra curiosidad también tenemos la capacidad de explorar, de crecer, de encontrar la magia en lo cotidiano, de maravillarnos con la persona que tenemos enfrente y a nuestro lado y de crear recuerdos compartidos que nos harán sentir orgullosos y sobre todo…¡vivos!