Eliminar el rencor: Un ejercicio sencillo

En el primer artículo de esta serie de dos vimos que el rencor es un arma de doble filo, mientras sentimos un enfado profundo y persistente hacia otra persona, nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. Además, detrás de ese rencor se encuentra una expectativa incumplida, dónde creemos que una persona se debe comportar de cierta manera con nosotros y, al no hacerlo, nos sentimos frustrados y decepcionados. Con este ejercicio, aprenderás a eliminar el rencor y sentirte liberado.

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Como dije anteriormente, es saludable expresar las emociones adecuadamente, tanto en tiempo como en forma, porque sino tenderemos a acumular y enquistar dolores. Por ello, te propongo realizar esta actividad para eliminar el rencor acumulado en tu interior.

Ejercicio para Eliminar el Rencor y el Resentimiento

  1. Piensa en todas las personas que consideres que te han hecho daño en tu vida pasada y presente.

Dedícale unos momentos a cada una por separado y observa quién te ha provocado más enfado, tensión, angustia o malestar.

  1. Haz una lista con las personas que te causaron una emoción negativa.

Escribiendo el nombre de cada una y qué sentimientos te originó. Puntúa a cada una del 1 al 10 (siendo 1 la de menos daño y 10 la máxima). Empieza por la persona a la que menos puntuación le has dado ya que es mejor empezar por el hecho que consideras que te ha afectado menos e ir aumentando.

  1. Escoge el nombre de una de esas personas y escríbele una carta.

No elijas, en un principio, a la persona que te provocó la emoción más intensa ya que es mejor empezar por el hecho que consideras que te ha afectado menos e ir aumentando. No envíes la carta. Es sólo para ti.

  1. Explícale cómo te sientes.

Explicándole qué fue lo que te molestó o dañó, cómo te afectó en esos momentos y de qué manera ha influido esa situación, a lo largo de tu vida.

  1. Identifica los sentimientos, pensamientos y recuerdos que provocaron y mantienen el resentimiento.

Escríbelos o márcalos en la carta.

  1. Revive emociones negativas y trabájalas.

Cuando empieces a pensar en lo que pasó y a revivir las emociones negativas, piensa o di en voz alta (cuando te sea posible): “Eso ya pasó. No puedo cambiar el pasado, pero quiero tener un buen presente. Por eso me despido y lo dejo que se quede en el pasado, que es donde corresponde”.

  1. Sé paciente y constante.

Posiblemente, hacer esto una sola vez no sea suficiente, pero con la práctica lo vas a ir logrando.

  1. Repite el ejercicio.

Cuando sientas que has obtenido buenos resultados, elige otra persona y repite el ejercicio.

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Historia para reflexionar

El rencor, una carga para nosotros mismos.

En un antiguo monasterio, el monje más sabio convocó a todos los aprendices a una reunión en el área de la cocina. A medida que fueron llegando los jóvenes, el maestro les fue entregando a cada uno un saco de lona desteñida. Cuando todos se colocaron alrededor de la mesa central el monje les dijo:

– Todos guardamos en nuestro corazón diversos rencores contra familiares, amigos, vecinos, conocidos, desconocidos y a veces hasta contra nosotros mismos. Busquen en el fondo de sus corazones todas las ocasiones en las cuales ustedes han dejado de perdonar alguna ofensa, algún agravio o cualquier acción que les haya producido dolor. Entonces tomen una de estas patatas, escriban sobre ella el nombre de la persona involucrada y colóquenla en el saco que les di. Repitan esta acción hasta que ya no encuentren más casos en su memoria.

Acatando las instrucciones, todos fueron llenando poco a poco sus respectivos sacos. Al terminar el monje agregó:

– Ahora deberán cargar el saco que llenaron durante todo el día a lo largo de dos semanas, sin importar dónde vayan o qué tengan que hacer.

Pasados quince días, el sabio volvió a reunir a los aprendices y les preguntó

– ¿Cómo se han sentido? ¿Qué les ha parecido esta experiencia?

– Es una carga realmente pesada, tal vez excesiva. – Respondió uno – Estoy cansado y me duele la espalda.

– No es tanto el peso, sino el olor nauseabundo que empiezan a emitir la patatas que ya están podridas – replicó otro.

– Cuanto más pensaba en las patatas, más me pesaban y más sentía ese desagradable olor – dijo un tercero.

A lo que el maestro contestó:

– Pues bien, eso mismo es lo que pasa en nuestros corazones y en nuestro espíritu cuando en lugar de perdonar guardamos rencor. Al no perdonar a quién nos hirió, creemos que le estamos haciendo daño, pero en realidad nos perjudicamos a nosotros mismos. No sabemos si al otro le importa o no recibir nuestro perdón, pero lo que sí es cierto es que el rencor que vamos acumulando a través del tiempo afecta nuestra autoestima, nuestra capacidad de vivir a plenitud, de amar, de ser felices y de desarrollarnos emocional y espiritualmente.

El rencor se convierte en una fuerte y desagradable carga que lamentablemente se va haciendo más pesada cada vez que pensamos en lo ocurrido. El rencor va secando nuestro corazón. Aprendamos a perdonar al otro aún si no se ha disculpado, aún si no se lo merece. No sabemos si ese perdón será de utilidad para el otro, lo importante es que con toda seguridad nos fortalecerá a nosotros mismos.

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Conclusiones

Como bien dice el maestro a sus aprendices, cuando no perdonamos a quién nos hirió y guardamos ese rencor, lo que realmente estamos haciendo, es dañarnos a nosotros mismos y no a la otra persona porque probablemente no sepa lo que estamos sintiendo. Por ello, es conveniente eliminar el rencor de nuestro interior.

Independientemente de que la otra persona se haya disculpado o no, es positivo eliminar el rencor de nuestra vida para que no afecte a nuestra autoestima y liberarnos para poder ser felices. Ahora está en tus manos liberarte de esa carga que llevas cargando o, por el contrario, seguir llevando a cuestas ese saco de patatas como dice la historia. ¿Qué deseas hacer?

No olvides que, Perdonar es liberar a un prisionero….TÚ, y eso está en tus manos. Eliminar el rencor, te hará más libre.