Emociones y extremos, ¿buena combinación?

Señores y señoras, se abre el telón, comienza la obra: bienvenidos a nuestro mundo, un mundo virtual, un mundo tecnológico, un mundo de sentimientos dónde abunda el rencor, pero también la excesiva positividad. Bienvenidos a este artículo, dónde os cuento un poco más mi visión de las diferentes emociones que proyectamos en las redes sociales de la más buena a la más mala y más peligrosa.

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Quiero empezar esta introducción con un mensaje dedicado y que ilustrará como ejemplo al tipo de mensajes a los que voy a hacer referencia: “Que la vida te trate igual que tú tratas a los demás”. Éste es un mensaje recibido en redes sociales, puede ser para cualquier otra persona o pudo ser para mí. Este tipo de mensajes son recibidos a diario, dedicados tanto a personas famosas como a personas de nuestro día a día.

 Ya que hace algunos años se ha puesto más de relieve el hablar de las emociones, hablemos de estos dos polos.

El rencor encontró un caparazón

Tal vez te escandalices pero puedo decirte como opinión personal que es el odio el motor que mueve el mundo y no es el amor, como habrás pensado. Si te das cuenta, las guerras las provoca el odio: el que piensa diferente, ya no puede vivir con nosotros.

Las nuevas tecnologías han traído un escudo para fomentar el odio y el rencor: las redes sociales. El odio ha llegado a las redes sociales porque nos dan valentía y coraje para decir lo que pensamos y exacerbar nuestros pensamientos más descabellados.

Hace poco hemos visto noticias dónde a través de una red social se deseaba la muerte a un niño que quería ser de mayor una profesión muy polémica hoy en día, ¿realmente le podemos desear la muerte a un niño porque no piensa cómo nosotros? o si se muere una persona que tiene una profesión que no nos gusta, ¿está bien alegrarse?

Aunque exista la libertad de expresión, hemos observado que las redes sociales nos dejan expresarnos con total libertad y dar rienda suelta con el tema de las “malas” conductas.

Un ejemplo, María ve todos los días su programa favorito, pero como hoy ha habido un accidente grave, su programa favorito ha tenido que interrumpir la emisión para dar paso a las noticias. María siente rabia y siente ira porque quería saber que pasaría hoy en su programa favorito: no tiene a quien decírselo así que abre su twitter y escribe algo maldiciendo a quienes han tenido el accidente, ella no tiene nada en contra de los que han sufrido el accidente, pero María no ha sabido controlar sus impulsos y su reacción de rabia ha ido contra los que han sufrido el accidente.

¿María realmente se alegra de que mueran personas en un accidente? ¿Se lo diría a la cara a esas personas? A las dos preguntas, probablemente contestaríamos que no.

El alegrarse de muertes o quitar importancia a accidentes, bajo mi punto de vista es como un reflejo de nuestra rabia o ira: me alegro que se haya muerto un torero porque estoy en contra del maltrato animal, o le resto importancia a un accidente grave porque o entre las víctimas había nacionalidades que a mí no me gustan o cortaron mi programa favorito a causa de ese accidente, y como en las redes sociales es más difícil ser perseguido puedo explayarme o agrandar mi odio.

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En redes sociales, también nos encontramos otros tipos de odio que no van tan relacionados con asuntos tan funestos como accidentes o deseos de muerte sino con la simple crítica. En mi anterior artículo, “Las gafas de la crítica” hablamos en profundidad del tema de las críticas, de lo mucho que gusta: ¿en redes sociales también nos gusta criticar? Uno respondería, sí, pero con ciertos límites, pues habrás caído en la cuenta que hay gente que no los tiene.

Como hemos comentado antes, en las redes sociales muchas veces no se toca techo si de expresar una opinión se trata y normalmente nuestro blanco de ira son los famosos o personas a las que creemos más vulnerables.

¿Por qué hemos llegado hasta aquí?

¿De verdad hay tanto odio y tanta maldad? Según mi punto de vista, están faltando tres cosas vitales que tienen mucho que ver entre sí: empatía, autorregulación emocional y mucha mucha educación en emociones.

Las personas que responden con tanta agresividad en redes sociales, probablemente sean así en la vida real, pero prefiero pensar que no, que no saben canalizar su rabia e ira y que lo hacen en redes sociales porque piensan que ahí no les tiene porque pasar nada.

Cuando hablamos de una buena autorregulación emocional, no quiere decir que no podemos estar enfadados ni que no podamos mostrar nuestra ira, pero teniendo límites y adecuándonos a las circunstancias lo que significa saber controlar nuestras emociones negativas y canalizarlas de una forma adecuada.

Sin embargo, la empatía va relacionada con entender la posición del otro, de cómo se siente. Volvamos al ejemplo de María, ¿sabe ella como se sienten los padres de los fallecidos del accidente con el tweet que ha publicado? ¿Sabe la emoción que ha generado? Seguramente no y es principalmente, lo que desconocen aquellos que se alegran de muertes o se ríen de afectados o fallecidos en accidentes que relatan las noticias.

Tal vez, y sólo tal vez una educación emocional desde pequeños arregle en un futuro, todas estas respuestas de rencor e ira que estamos viendo en redes sociales.

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La positividad al rescate

Hablemos de otras emociones cuya respuesta o expresión, no tienen nada que ver con el apartado anterior, ¿o sí?

Estamos en el segundo acto de esta obra llamada: se abre el telón y aparece una persona abriendo su facebook y la primera imagen que ve es un sol o en su defecto una persona sonriente con una frase “hoy es un buen día para ser feliz”, después va a desayunar y toma su café en una taza que dice “no dejes de luchar por tus sueños” a ese café le echa un sobre de azúcar que pone “haz de tu vida tu mejor plan”, ¿exceso de positivismo?

La moda del positivismo es innegable, pero cuando es la panacea de nuestros males, ahí hay algún problema. Nos venden el positivismo, como la actitud que hay que tener, ante todo, y en cierta manera es cierto, es recomendable ver y repetirse así mismo, mensajes positivos, así como tener una visión positiva, pero sin negarse la expresión de emociones como la tristeza o el enfado.

En ciertas ocasiones, el optimismo no es bueno tal y cómo muestra la paradoja de Stockdale. Stockdale fue un prisionero americano que estuvo en una cárcel en Vietnam y describió a los prisioneros que morían con más facilidad y eran pues los que eran optimistas en exceso, los que decían “tranquilos no pasará nada, en Navidad seremos libres”, basaban su siguiente predicción optimista a otra fecha, hasta que veía que su predicción jamás se cumpliría.

Es decir, se fijaban sólo en que la visión positiva, de que tarde o temprano saldrían, pero no se fijaron en la visión negativa que, dadas las circunstancias, igual no lo harían y esto les hacía deprimirse más rápidamente. Stockdale, nos enseña con esta paradoja que la vida hay que mirarla con una amplia perspectiva, no sólo con la visión positiva y no salirse de ahí, sino saber ver la vida como una montaña rusa de emociones con altos y bajos.

Estimado lector, si tú eres una persona profundamente optimista y estás siendo bombardeado por imágenes positivas, déjame que te diga que no haces ningún mal, pero no te refugies en el optimismo porque la vida tiene también tiene sus bajadas y es importante también tener una buena tolerancia a la frustración, pues un exceso de positivismo puede hacer que actúes ante ciertas situaciones con cierta ingenuidad o temeridad.

El pensamiento útil ante las emociones extremas

Estamos llegando al final de nuestra obra, casi va a caer el telón: el rencor y la positividad se han encontrado, ¿por qué las expresamos en exceso en redes sociales? Simple y llanamente porque no tenemos un lugar donde expresarlas sin que nos juzguen, son dos emociones o dos actitudes ante la vida, que realmente no tienen mucho que ver y que se expresan en redes sociales en circunstancias diferentes, pero que tienen un hilo conductor general, que bajo mi punto de vista sería la baja tolerancia a la frustración.

Tanto el rencor como la positividad extrema, tanto en redes sociales y en la vida común, son expresadas en la medida que la persona no tolera la desgracia, no tolera que le hayan cambiado los planes y que las cosas no hayan salido como esperaba y no sabe cómo regular estas emociones.

Hoy por hoy, las vías desgraciadamente para el rencor son las redes sociales: un tweet lleno de odio o una foto burlándose de una desgracia. La positividad excesiva, sin embargo, la vemos en frases en redes sociales y en multitud de objetos que tenemos y no nos inmutamos, pero ¿qué pasa si me embarco en una situación peligrosa porque en mi cabeza siempre resuena la frase de todo saldrá bien? ¿Qué pasa si soy una persona positiva a todas horas y algo me sale mal? ¿Cómo reacciono? ¿Sabré reaccionar?

Como toda buena obra, llega a su fin, no sin una buena conclusión y es que, cómo ya apuntábamos anteriormente, la base de la solución está en las emociones: en una buena educación en emociones, ¿estamos rodeados de sádicos y de personas que sólo tienen el optimismo por bandera? ¿O más bien personas que no saben regularse y no toleran la frustración?

Ante los excesos en estas dos actitudes: amplitud de miras, aprendamos a mirar la vida desde todas las perspectivas y sabiendo cómo y a quién afectan nuestras emociones.