Fobia a la sangre: cómo enfrentarte a ella

¿Eres de las personas que al ver la sangre se marean y/o desmayan? ¿Alguna vez te has planteado por qué a ti te ocurre esto y al resto de personas no? Si quieres averiguar por qué te ocurren estos síntomas, sigue leyendo.

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La hematofobia o fobia a la sangre es una fobia específica que se define como el miedo y la evitación de situaciones relacionadas directa o indirectamente con la sangre. Está relacionada con la belonefobia (miedo a las inyecciones y agujas) y de la traumatofobia (miedo a las heridas, al daño o lesionarse), ya que estas tres fobias se recogen juntas en el DSM-IV bajo la categoría de “fobia a la sangre-inyecciones-heridas” por presentar una característica que las hace únicas frente al resto de fobias.

Son las únicas que pueden provocar un desmayo a quien las sufre. La fobia a la sangre va mucho más allá de la aprensión natural que muchas personas experimentan ante la visión de la sangre y de las heridas. La fobia a la sangre puede llevar a las personas que la sufren a evitar actuaciones médicas importantes para su salud (como intervenciones quirúrgicas, transfusiones de sangre, etc.),

Las personas con fobia a la sangre, por lo general, experimentan miedo a su propia sangre y también a la sangre de las demás personas y animales, pudiendo llegar a experimentar reacciones de miedo al exponerse a fotografías, películas y descripciones de la sangre. La fobia a la sangre no remite espontáneamente sino que tiende a persistir en el tiempo y, al igual que en las crisis de pánico, aparece el miedo al miedo.

¿Por qué las personas que tienen fobia a la sangre se desmayan?

Generalmente, se cree que la fobia a la sangre se debe a la idea inconsciente de que, al sangrar, perdemos una parte de nuestro cuerpo. Además existe el miedo a la transmisión de enfermedades por vía sanguínea. La hipótesis del origen de este comportamiento dice que es una respuesta por instinto.

Cuando el hombre primitivo era herido, éste perdía la conciencia como medio de supervivencia con un doble propósito: en primer lugar, generaba la impresión de estar muerto, así otros animales u otros humanos rivales no lo verían como una amenaza.

Por otro lado, al caer la presión arterial y disminuir la frecuencia cardíaca, también se frenaba la hemorragia causada por la herida. En cualquier caso, esto aumentó la probabilidad de sobrevivir y esta respuesta pasó de generación en generación.

El patrón fisiológico de respuesta en la fobia a la sangre es muy distinto al de la reacción de miedo y ansiedad que se da en el resto de fobias y en los trastornos de ansiedad. Mientras que con los otros miedos, la respuesta es enteramente activadora, en la fobia a la sangre se da lo que se denomina respuesta difásica. Se trata de una respuesta en dos fases ante la presencia y/o el recuerdo del estímulo fóbico:

  • Primera fase. Al igual que en las demás fobias, se produce un incremento de la presión arterial y frecuencia cardíaca. También sudoración, nerviosismo, etc.
  • Segunda fase. Se produce una rápida caída de la presión sanguínea y de la frecuencia cardíaca (30-45 pulsaciones por minuto), lo que normalmente suele conducir al desmayo.

La explicación de esta diferencia se basa en que la reacción normal de miedo se da para que el cuerpo pueda huir o luchar ante la situación de peligro, para lo cual su activación aumenta.

Pero en el caso de la fobia a la sangre o las heridas, la cosa cambia, porque el organismo actúa intentando minimizar la propia pérdida de sangre, retirándola de los extremos mediante una disminución de la presión sanguínea. Si la presión arterial disminuye, el riego sanguíneo cerebral es menor y así evita lesiones o desangrarse.

¿Cuáles son los síntomas de la Fobia a la Sangre?

Los síntomas de la fobia a la sangre varían: algunas personas experimentan una elevada presión arterial y alta frecuencia cardíaca al ver sangre, mientras que otras pueden experimentar la reacción opuesta, con desmayos o bajadas de tensión. Las personas con miedo a la sangre pueden sufrir:

  • Una respuesta cardiovascular, aumento latido cardíaco y presión sanguínea.
  • Desmayos.
  • Ataques de pánico.
  • Nauseas.
  • Mareos.
  • Sensación de repugnancia.
  • Ansiedad anticipatoria, llevando a temar cualquier situación relacionada con la sangre.

Incluso puede desarrollar miedo a objetos asociados con la sangre, tales como:

  • Cuchillos.
  • Agujas.
  • Jeringas.
  • Otros objetos afilados.

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¿Cuáles son las causas de la Fobia a la Sangre?

Aunque no se conoce el mecanismo concreto por el que ocurre el desmayo al ver sangre, según los últimos estudios parece que depende en gran medida de la sensibilidad de los barorreceptores (receptores de tensión arterial en los vasos sanguíneos), y esto a su vez depende de la edad, el nivel de estrés, la hipertensión, el género y el peso.

 Diversos estudios han relacionado la emoción de asco con la fobia a la sangre (Page, 1994; Sandín, 1997). La idea central de esta teoría argumenta que la mera exposición a los estímulos relacionados con la sangre, heridas o daño provocaría una respuesta de asco, lo que llevaría a la aversión, las náuseas e incluso la conducta de escape o evitación del estímulo.

Así, se ha observado que las personas con fobia a la sangre presentan elevados niveles de sensibilidad al asco. La mayoría de las personas acaban condicionando determinados estímulos relacionados con la sangre que fomenta el disparo de su sintomatología al entrar en contacto con ellos y muchos experimentan asco, incluso de manera anticipada (de Jong y Peters, 2007; van Overveld, 2008) (véase Sandín et al., 2008 para más información).

Se conceptualiza la naturaleza de las fobias como la interacción entre diversas variables:

Predisposición biológica

Se considera que existe un porcentaje elevado de carga genética en la fobia a la sangre (entre el 60 y 70%).  Entre otros, interactúan factores biológicos (alteraciones en la anatomía cerebral, en los neurotransmisores, etc.) o constitucionales, como el temperamento que sería ‘el conjunto de pautas reactivas emocionales y autorreguladoras de origen en buena parte innato que se mantienen constantes a lo largo del desarrollo’ (Echeburúa, 1993).

Predisposición psicológica

Esta vulnerabilidad está relacionada con las experiencias vividas por cada individuo, la personalidad, los estilos de afrontamiento, la susceptibilidad a la ansiedad o al asco, etc.

Experiencia

Hace referencia a los factores ambientales dónde destacan las experiencias tempranas, los estilos educativos y otros eventos vitales que han ido guiando a la persona, junto con la base biológica. Además, se incluyen las experiencias directas con el estímulo en cuestión. También afecta la forma en la que las personas significativas para la persona reaccionan ante la sangre o las heridas (aprendizaje por modelado).

Particularidades del estímulo

No todos los estímulos tienen la misma probabilidad de convertirse en fóbicos. Se considera que aquellos estímulos que representan un peligro real para la vida son los que tienen mayor probabilidad de desarrollar una fobia. (Ej. La sangre es un estímulo que indica que puede haber peligro de desangrarse).

Efectos negativos de la hematofobia

La fobia a la sangre puede tener importantes consecuencias para el individuo:

  • Incapacidad de realizarse unos simples análisis de sangre.
  • No proporcionar ayuda a una persona que ha sufrido algún daño.
  • Evitar embarazos en el caso de las mujeres.
  • Posponer las revisiones médicas o tratamientos dentales.
  • Cancelar actividades por considerarlas peligrosas o con riesgo de hacerse daño.
  • Este trastorno suele generar un gran impacto en el patrón educacional, la carrera, la familia, llegando incluso a limitar la capacidad de elección de aquellos que la padecen (Öst, 1992).

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¿Cómo enfrentarse a la Fobia a la Sangre?

La fobia a la sangre es una enfermedad clínicamente tratable y puede ser superado con éxito con la ayuda de herramientas de psicoterapia como la terapia psicológica cognitivo-conductual, la desensibilización y tratamientos de la ansiedad.

Los procedimientos más utilizados para el tratamiento de pacientes con fobia a la sangre son estos:

Control de la Ansiedad Anticipatoria

El objetivo es que la persona aprenda a reducir la ansiedad que comienza cuando se piensa en la sangre y sus derivados. Para ello, debe aprender cómo realizar correctamente la técnica de respiración abdominal. Otra estrategia son las auto-instrucciones.

Un ejemplo de frases que sirven para darnos instrucciones a nosotros mismos y afrontar los momentos previos son: “no va a pasar nada”, “soy capaz de controlar mis pulsaciones”, “puedo aguantar sin desmayarme”, etc. Instrucciones para enfrentarse a la propia situación ansiógena como: “esto va bien”, “no me siento mal”, “estoy controlando”, y frases de autorrefuerzo después de la situación: “no era para tanto”, “lo he superado”, etc.

Exposición gradual

Consiste en enfrentarse gradualmente a situaciones que representen un mayor grado de dificultad para la persona de una forma gradual y controlada. La persona se enfrenta a su miedo en dosis que resultan incómodas pero no abrumadoras.

El fin de esta técnica es habituar a la persona al estímulo temido, haciendo una jerarquía de situaciones temidas. Los estímulos utilizados para la exposición pueden ser en vivo, imaginados, grabados o presentados mediante role-playing.

Tensión (T)

Consiste en tensar algunos grupos musculares como brazos, piernas y torso, con el objetivo de incrementar la presión sanguínea a voluntad y prevenir el desmayo. El psicólogo (con la ayuda de una máquina) produce una caída temporal de la presión sanguínea para que el paciente sienta los síntomas ya prenda a manejarlos.

En este procedimiento no se expone al paciente a estímulos relacionados con la sangre, pero esto permite que se exponga en su vida cotidiana a los síntomas. La técnica ha sido utilizada con éxito en algunas investigaciones (Öst et al., 2001).

Relajación aplicada (RA)

Esta técnica sigue el mismo principio de la técnica de la relajación progresiva (Bernstein y Borkovec, 1973). Este recurso enseña a la persona a relajarse en periodos sucesivamente más breves y a transferir estos efectos de relajación a situaciones cotidianas. De esta forma, la persona es equipada con estrategias para controlas las reacciones a los hechos estresantes cuando ocurren.

Tensión aplicada (TA)

La TA es un procedimiento desarrollado con el objetivo de prevenir el desvanecimiento y ayudar a las personas a recuperarse mejor y más rápido si se produce el desmayo (Öst y Sterner, 1987). Consiste en acompañar la exposición a la situación temida con la tensión voluntaria de los músculos del cuerpo, para elevar momentáneamente la tensión arterial, ayudando, así, a evitar el desmayo.

A continuación te presento un ejemplo de ejercicio de tensión aplicada (TA):

  • Ejercicio 1: Consiste en aprender a tensar los músculos de los brazos manteniendo la tensión durante 10-15 segundos. Cerrar el puño como si tuvieras una moneda dentro y apretar para que no se caiga.
  • Ejercicio 2: Abrir la mano y deja caer la moneda, vuelve poco a poco a poner el brazo en la posición de antes. Mantenerlo durante 15-20 segundos.
  • Ejercicio 3. Ahora se tensarán los músculos de las piernas. Elevar las piernas del suelo y apretar las rodillas entre sí como si sujetaras algo que no debe caer. Mantener durante 10-15 segundos.
  • Ejercicio 4. Aflojar poco a poco las piernas volviendo a la posición inicial, mantener durante 15-20 segundos.
  • Ejercicio 5. Tensar ahora el torso, apretando y elevando los glúteos como si se levantara del asiento, sin apoyarse en los brazos. Mantener durante 10-15 seg.
  • Ejercicio 6. Aflojar poco a poco la tensión y permanecer así 15-20 segundos.
  • Ejercicio 7. Tensar ahora todo los músculos a la vez, brazos, piernas y torso durante 10-15 segundos.
  • Ejercicio 8. Aflojar todos los músculos poco a poco y volver a la posición inicial, mantener 15-20 seg.

Este procedimiento debe repetirse 5 veces. Cuando la persona haya aprendido a tensar todos los grupos musculares adecuadamente, podrá pasarse directamente a los pasos 7 y 8 en las siguientes ocasiones. Teniendo en cuenta todo lo anterior puede decirse que los tratamientos más empleados en la actualidad para tratar la fobia a la sangre son aquellos que combinan la TA y la exposición en vivo (Öst, 1996).

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Algunos datos curiosos sobre la Fobia a la Sangre

  • Las personas con fobia a la sangre suelen sufrir también de fobia a padecer o sufrir cualquier daño.
  • Hemofobia se deriva del griego “haima” (sangre) y “phobos” (miedo).
  • El desvanecimiento funciona como una respuesta adaptativa del organismo que favorece el reabastecimiento de oxígeno en el cerebro.
  • Un amplio análisis realizado en 88.201 donaciones de sangre concluyó que las molestias (mareo, sudor) relacionadas con el hecho de ver sangre aparecían en uno de cada 81 donantes.
  • El 71,7 % de los que padecen fobia a la sangre tienen menos de 30 años.
  • Según un estudio, un 96.1 % de los casos de donantes de sangre que sufren molestias con las transfusiones eran hombres.
  •  Hasta un 30% de la población sufre esta común fobia según estudios de Isaac Marks, del instituto de psiquiatría de Londres.
  • Se ha descubierto una fuerte predisposición genética, según un estudio del Journal Neurology, donde más del 40 % de los afectados tienen familiares con una fobia similar.
  • Las zarigüeyas y un determinado tipo de cabra usan esta estrategia para sortear este peligro, de forma involuntaria, no fingiendo estar muerta como hasta hace poco se pensaba.

 Y tú, ¿eres de esas personas que se marean al ver sangre o al donarla?