Psicología

Síndrome de la cabaña: me da miedo salir de casa

By 7 mayo, 2020 No Comments
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¿Te ha pasado o te pasa que al a salir a la calle después del confinamiento has sentido miedo? ¿El miedo al contagio o al comportamiento de los demás ante la nueva situación te paraliza?

Si tienes miedo a salir de casa después de la expansión de la pandemia de coronavirus es muy posible que estés sufriendo el Síndrome de la Cabaña. Si quieres saber qué es y cómo afrontarlo, te invito a que sigas leyendo.

Hay muchas personas que están experimentando ansiedad y miedo al tener que salir de sus casas.  Esta crisis no ha dejado indiferente a nadie. Y es que, después de estar en cuarentena  más de 50 días, nos ha cambiado radicalmente nuestra rutina.

Puede que estés experimentando angustia o pereza por retomar las obligaciones fuera de tu casa o pensar que ya tienes todo lo que necesitas como estamos. ¿Para qué salir de casa si tengo todo lo que me hace falta entre estas cuatro paredes? ¿Te sientes identificadx?

¿Qué es el Síndrome de la cabaña?

 El síndrome de la cabaña o el cabin fever es un tipo de experiencia que se conoce desde principios del siglo XX, cuando se vieron los primeros síntomas en cazadores y buscadores de oro, que pasaban meses enteros aislados en sus cabañas, mostraban síntomas de desconfianza, agobio y miedo al volver a la vida en sociedad.

Se trata de un conjunto de síntomas que experimenta una persona cuando ha estado durante un largo tiempo sin poder salir y al hacerlo o intentarlo, sienten miedo porque su zona de confort cambia (la cabaña) y esto genera inseguridad, síntomas ansiosos e, incluso, crisis de pánico, hipocondría o agorafobia.

El Síndrome de la cabaña se ha estudiado en psicología con personas que han estado privadas de su libertad durante un tiempo prolongado. Es decir, se ha constatado en pacientes que han estado durante un largo periodo ingresados en hospitales, en presos que han cumplido largas condenas en cárceles e, incluso en personas que han permanecido secuestradas.

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Hasta ahora, exceptuando en los casos anteriores, no nos habían privado de esa libertad durante tanto tiempo y es completamente normal que ocurra. Sobre todo, si has cumplido el confinamiento de forma rigurosa y no has salido ni para comprar o pasear al perro.

Como en cualquier situación nueva y desconocida, cada persona puede actuar de distinta forma. Hay quiénes estaban deseando salir y el hacerlo les ha reconfortado. En cambio, otras personas lo están viviendo de forma distinta debido a este síndrome de la cabaña.

Hay que tener en cuenta que no todos hemos tenido las mismas comodidades mientras hemos estado confinados. Hay personas que han tenido que hacerlo en sitios pequeños o con poca luminosidad. Cambia mucho estar encerrados en un piso de 40 m2 que en un chalet con piscina y jardín.

Aún así, en ambos casos se puede experimentar el síndrome de la cabaña, puesto que se convierte en nuestra zona de confort.

¿Por qué nos da miedo salir de nuevo a la calle?

Son varios factores los que pueden influir en que nos veamos afectados por este síndrome de la cabaña. Uno de los principales es la sobreexposición a las noticias. La información es un arma de doble filo. Nos puede ayudar a conocer mejor lo que ocurre, pero si no la sabemos dosificar o gestionarla bien, puede acarrearnos diversos problemas. Es una fuente de alimentación para nuestra ansiedad y para nuestro miedo, si no se controla adecuadamente.

El miedo es una emoción primaria y tiene como función el que sobrevivamos. Sin él, nos habíamos extinguido como especie hace muchos años. En el caso del coronavirus, es una amenaza real e invisible que está matando a miles de personases en el mundo, por lo que el miedo se activa para que nos protejamos.

Se convierte en un problema cuando este miedo es muy intenso, duradero y viene acompañado de otros síntomas y comportamientos, como el de evitar salir. Recordemos, que el virus no ha desaparecido ni existe vacuna, esto incrementa la inseguridad y la incertidumbre y a su vez, el miedo y la ansiedad.

A todo esto, se le añade otra emoción: el enfado. El ver como la gente no respeta las normas y no son conscientes del peligro que supone sus conductas en ellos y en los demás, nos genera ira y frustración. Y con ello,  perdemos la esperanza de que las cosas vayan a mejor y poder salir con tranquilidad y sin peligro.

¿Cuáles son los síntomas del Síndrome de la cabaña?

No todas las personas que padecen el síndrome de la cabaña presentan los mismos síntomas ni todos, pero muchos afirman sentirse inquietxs o irritables. Otros efectos comunes son:

  • La principal característica es el miedo a salir al exterior: Este síntoma puede estar camuflado si las personas que lo padecen afirman que no les apetece aún salir y tienen todo lo que necesitan en casa.
  • La letargia: El hecho de sentirse cansado la mayor parte del tiempo, tener las piernas y los brazos entumecidos y tener una falta de energía en general.
  • Síntomas cognitivos: fallos en la memoria y dificultad de concentración.
  • Síntomas emocionales: angustia, tristeza, temor, frustración.
  • Comer emocionalmente: suele apetecer alimentos poco saludables para disminuir la ansiedad. Además de aumentar la frecuencia de los picoteos.
  • Cambios de peso: la poca actividad física más las comidas frecuentes entre horas y la mala alimentación, se ven reflejados en un aumento del peso.
  • Falta de motivación: Por realizar actividades o tareas que antes realizábamos. Sobre todo, si son éstas en el exterior.
  • Problemas de sueño: se sufre un cambio de horarios, donde se acuesta tarde y se levanta también tarde. Y dónde las siestas son frecuentes.

 

Es importante destacar que estos síntomas también pueden ser indicativos de otros muchos trastornos. Este artículo es meramente informativo. Para cualquier diagnóstico, deberás acudir a un profesional.

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¿Qué hacer para combatir ese miedo a salir?

Al principio, es lógico y normal sentir miedo e incertidumbre. Es una situación nueva y el virus sigue estando presente. Además, cada persona tiene su propia desescalada. No todos tenemos el mismo ritmo y debes seguir el tuyo propio.

Hay muchas personas que estaban deseando salir, y de hecho ya lo han hecho. En cambio otras, son más precavidas y prefieren esperar. El síndrome de la cabaña es más frecuente de lo que pensamos. En la  Universidad de Pekín han desarrollado una escala, con el fin de evaluar la incidencia de este factor entre la población.

Te recomendamos seguir estas pautas para llevar mejor este desconfinamiento:

Acepta el miedo.

El primer paso, es reconocer que se tiene miedo. Y dar este paso ya es muy importante. Debemos escuchar a nuestro miedo, no para bloquearnos o paralizarnos, sino para saber por qué está ahí.

Por mucho que intentemos  ignorarlo o pensemos que no lo tenemos, seguirá ahí para intentar protegernos.

Márcate unas rutinas cumplibles.

Nuestro cerebro necesita tener actividades y cosas que hacer para gestionar el tiempo. Establece un horario flexible para realizar ejercicio, cuidar la alimentación, tener contacto con otros a través de videollamadas, ver películas o series, etc.

Sin agobiarte ni caer en excesos de actividades o de programación. No es bueno pasarse de un extremo a otro, es decir, ni  por defecto como por exceso.

Razona más, piensa menos.

En muchas ocasiones nos dejamos llevar por pensamientos negativos que nos impiden ver que hay otras posibilidades y no sólo la que nosotros pensamos, que suele coincidir con la peor de todas.

Intenta razonar con tus pensamientos y abrir el abanico de posibilidades que pueden ocurrir. Ver otros puntos de vista también ayuda.

La vida no es solo blanca o negra, también hay matices grises entre medias.

Vuelta progresiva a la «normalidad».

Como hemos dicho anteriormente, cada uno tenemos nuestro ritmo y nuestros tiempos y hay que respetarlos. Por lo que hay que escuchar a nuestro cuerpo y aceptar los pasos que podemos dar y la velocidad a la que estamos listos para hacerlo.

Nos debemos adaptar poco a poco a esta nueva realidad dónde va a cambiar la forma de interactuar y estar en los sitios. Es como ir a un país distinto al nuestro y tenemos que seguir sus costumbres y su cultura. Es algo distinto a lo nuestro y debemos adaptarnos poco a poco.

Si has sido capaz de cambiar tu rutina y quedarte en casa durante todo este tiempo que ha durado la cuarentena, puedes también hacerlo a la inversa.

Tú decides cuándo, dónde y con quién.

Ten en cuenta que tú eres el dueñx de tu cuerpo y de tu tiempo. Tú decides cómo hacer las cosas, no te presiones ni permitas que otros lo hagan. Si te apetece empezar dando pequeños paseos en las horas permitidas, hazlo.

Si eres una persona madrugadora, aprovecha las mañanas para realizar actividades o salidas. Si, en cambio, eres más nocturna, hazlo por las noches.

Tú eres quién mejor te conoces, busca lo que te haga sentir más cómodx y no te dejes influenciar o presionar por lo que otros piensen u opinen.

Relajación y respiración.

El estrés acumulado en estos días o la ansiedad que produce salir pueden llegarte de golpe de un momento a otro. Por ello, tu mejor aliada es tu respiración. Con ella puedes conseguir calmar tus nervios y controlar la situación.

Parece mentira, pero muchas veces nos olvidamos de “respirar”. No me refiero a hacerlo literalmente porque si no nos moriríamos. Me refiero más bien a hacerlo de forma consciente y profunda.

 Esto ayuda a relajarnos y concentrarnos mucho más que como normalmente solemos hacerlo de forma automática.

Como meditar y no dormirte en el intento-un-pedacito-de-psicologia

Si sales, hazlo para disfrutar.

De nada te vale salir para sufrir y pasarlo mal. Cuando lo hagas, en lugar de estar pendiente de las reacciones de tu cuerpo, aprovecha para disfrutar de todo lo que te rodea.

Disfruta del sol dándote en la cara, el aire (que ahora es más puro o menos contaminado al menos), de los sonidos de los pájaros. O puedes ponerte los auriculares y disfrutar al aire libre de tu música.

El caso es que disfrutes aunque sea poco tiempo y lo vayas alargando progresivamente.

Gestiona tu rabia.

Puede que al salir te encuentres con gente irresponsable que no cumple las normas y parece que no exista ya peligro alguno y que esto te produzca rabia y malestar y haga que se te quiten las ganas de salir.  Tu enfado es lógico pero debes saber gestionarlo para que no acabe pasándote factura.

Piensa que habrá gente que lo haga mal, pero también otra mucha que lo está cumpliendo. Evita pasar por dónde haya gente reunida y céntrate en ser responsable de forma individual.

Sé que es difícil puesto que lo que otros hacen también nos afecta a nosotros. Pero es la autoridad la que debe regular eso y no nosotros. Céntrate en lo que sí puedes controlar y no malgastes energía en algo que no depende de ti.

Mejor invierte esa energía en prestar atención a los aspectos agradables de las salidas.

Es importante saber que los trastornos psicológicos no aparecen de un día para otro, suelen desarrollarse durante un determinado tiempo debido a no saber gestionar correctamente ciertos síntomas, emociones y conductas.

Es importante que te pongas en manos de un profesional si sientes que la situación de tener que salir te desborda cada vez más y no puedes controlarlo.

Estamos ante una situación nueva para todos y van a surgir diversos desafíos psicológicos que hay que aprender a gestionarnos correctamente para salir reforzados de esto.

Por otro lado, no siempre se ha de acudir a un psicólogo cuando ya no podemos más y la situación nos desborda tanto que limita nuestras vidas.

Podemos acudir para prevenir, es decir, para aprender a gestionar nuestras emociones y pensamientos adquiriendo herramientas y técnicas que nos van a servir para cualquier área de nuestras vidas y para cualquier circunstancia.

Ahora puede ser un buen momento para aprender a conocernos a nosotros y a las señales que nuestro organismo nos envía. Por lo que si crees que necesitas ayuda, no dudes en pedirla.

Puedes hacerlo a través de nuestra terapia online.

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Lorena Honrubia

Lorena Honrubia

“Desde que tengo uso de razón, me he dedicado a la ayuda de las personas que lo necesitaban, dentro de mis capacidades, tanto a personas de mi entorno como a desconocidas. Esto fue lo que me impulsó a dedicarme a la psicología. Para mí ha sido una gran satisfacción poder convertir esa vocación en mi profesión. "

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