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En el mundo globalizado en el que vivimos inmersos, caracterizado principalmente por el consumismo, estamos rodeados por enormes cantidades de factores que nos esclavizan y condicionan nuestro día a día.

Inundados en el mundo de las nuevas tecnologías, abrumados por tantísimas informaciones y obsesionados con la información instantánea, se nos llama a permanecer siempre conectados y distraídos, provocando una deshumanización.

“La individualidad no es un fin en sí mismo; es algo que da fruto a través del contacto humano con el mundo, y en ese proceso sale de su aislamiento. Si mantenemos nuestra individualidad en una urna de cristal, se marchita, produciéndose la deshumanización. Se enriquece en cambio cuando fluye libremente a través del contacto humano”. Bertrand Russell, on “Marriage and Morals”

Deshumanización

Esta deshumanización nos hace olvidar lo más natural y esencial del ser humano, lo que realmente somos y lo que nos caracterizó desde nuestros orígenes. Nos encanta alardear de ser tan fantásticos como maravillosos, de ser la especie más evolucionada pero, ¿de verdad la más inteligente? Porque muchas veces nuestros actos indican, más bien, todo lo contrario. Olvidamos que no somos más que habitantes de un universo complejo, en constante cambio y evolución.

En este sentido, la sociedad, por ende, deberá ser un lugar complicado también. No es sencillo vivir plenamente en la sociedad actual. Siendo uno mismo pero teniendo en cuenta, a la vez, la presencia e individualidad del otro. Y ya no sólo eso, sino lograr encontrar el equilibrio perfecto entre formar parte de un conjunto, y no perdernos a nosotros mismos por el camino.

Aprender lo que implica vivir en sociedad sin dejar por ello de lado la construcción y perfeccionamiento de nuestro ser, de nuestro verdadero ‘yo’. O incuso, yendo todavía un poco más lejos, lograr crecer individualmente como personas, avanzar en todos los sentidos aún cuando la presión por parte de la sociedad por ser de determinada manera condiciona nuestro día a día.

[bctt tweet=»Lograr el equilibrio perfecto entre formar parte de un conjunto, y no perdernos a nosotros mismos.» username=»Serendipia_psic»]

Somos seres sociales

Somos seres sociales, vivimos en sociedad, con todo lo que ello implica para, si no lograr, intentar conseguir la convivencia de todos en cierta armonía. Ahora bien, ¿cuál es el problema? Por esta deshumanización, hemos olvidado nuestra parte más humana, hemos perdido los valores que nos caracterizan como seres humanos.

Que, en lugar de aprovechar y sacarles el máximo partido a nuestras potencialidades, hemos optado por seguir el camino más cómodo, sencillo y fácil -a simple vista-: vivir por y para nosotros mismos, sin tener en cuenta al otro.

Hoy en día, más que nunca, es preciso ayudarnos unos a otros, cooperar conjuntamente por el bien común y no hacemos más que perjudicarnos entre nosotros. Nos separamos y despreciamos por tener ideales y creencias distintas.

 Creemos lícito odiar al otro por ser diferente en lugar de comprenderlo para así poder nutrirnos y aprender los unos de los otros. Vivimos por y para nosotros, cegados en nuestro propio ombligo e inundados en nuestro ego.

Un cambio de actitud quizá no sea fácil, pero sí necesario. Un buen comienzo podría comenzar con la recuperación de todos aquellos valores que hemos ido perdiendo con el paso del tiempo. Recordar y recurrir a los valores humanos como es el caso de la cooperación, la escucha activa, la empatía, la solidaridad, el altruismo, la humildad, la sencillez… la humanidad, en definitiva, es el único antídoto contra la deshumanización.

Debemos aprender a aceptarnos con nuestras diferencias, tratarlas como algo realmente bueno, que nos enseña a ver el mundo con otros ojos, desde una perspectiva bien distinta que tal vez nunca nos habíamos llegado a plantear. Necesitamos respetarnos, querernos y escucharnos de la misma manera que necesitamos ser respetados, queridos y escuchados por los demás.

Puede que recuperar los valores que nos caracterizan como seres humanos sea un proceso costoso, pero no tanto como lo que nos viene encima si no ponemos un remedio a esta situación. Empezar por algo básico y primordial como conocerse a uno mismo y a los demás, así como comprender las emociones propias y ajenas puede ser un buen comienzo para evitar la deshumanización.

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Mejorar como persona y como sociedad

Tomando como referencia algunos fragmentos extraídos de la obra “Brújula para navegantes emocionales” de Elsa Punset, es posible señalar algunas pautas para optar por una mejora personal tanto en el trato individual como en la importancia del trato con los demás, y resarcir así esta tendencia a la deshumanización.

  1. Conocerse a uno mismo

Si ni siquiera nos conocemos bien a nosotros mismos, todo trabajo por mejorar junto a los demás será en balde. El primer camino para entender al otro parte de conocerse y aceptarse a uno mismo.

De acuerdo con Elsa Punset, ésto supone indagar en nuestro sustrato emocional, destripar nuestros impulsos y entender las fuentes de ira de de nuestro dolor para poder convivir armoniosa y plenamente con nuestras emociones y con las de los demás. La autora, en su escrito, afirma que conocer nuestras emociones representa la única manera de dominar nuestro cerebro.

  1. Empatía VS Ego

“En la mesa de negociaciones tu primer enemigo es tu ego, esa soberbia que te impide aceptar parte de la razón de los otros. Para ponerte en la piel del otro trata de pensar como él, y eso sólo lo lograrás escuchando.” William Ury, director del programa de Negociación de Hardvard.

 

¿Qué es la empatía y para qué sirve?

Siguiendo con la brillante obra de Elsa Punset, tomamos su definición de la empatía. “La empatía es la base de la convivencia. En su sentido más amplio la empatía es la habilidad de reconocer y de sentir lo que otra persona siente. Considerada una emoción social, la empatía es clave para asentar las relaciones con los demás”.

Según Ervin Staub, psicólogo especializado en el estudio de la empatía, es necesaria para desarrollar pautas de comportamiento afectuosas con las demás personas. En este sentido, afirma que, “si no sentimos al otro, si no conectamos con sus preocupaciones y sus emociones, difícilmente podremos desarrollar una relación personal satisfactoria”. Y es entonces cuando comienza el proceso de deshumanización a la que no queremos llegar.

  1. El respeto a los ritmos individuales

Las personas poseemos distintas capacidades para asimilar y aprender; por ello, respetar a los demás implica también el respeto a su particular ritmo de asimilación y crecimiento, y ese elemento debe estar presente en los juicos acerca de los demás.

Conviene aprender a no juzgar a los demás desde una perspectiva egocéntrica, sino desde un lugar menos posesivo, más empático y compasivo. (Elsa Punset, Brújula para navegantes emocionales).

  1. La indiferencia es un arma de destrucción pasiva

Desde el punto de vista psicológico y neurológico, las emociones nos afectan o bien de manera positiva o negativa. De este modo, podemos afirmar que ninguna emoción es neutra. Entonces, ¿qué lugar ocupa la indiferencia?

Elie Wiesel, superviviente del holocausto, en un discurso pronunciado en 1999 reflexionaba sobre las dimensiones reales de la indiferencia:

Por supuesto, la indiferencia puede ser tentadora o incluso seductora. Es mucho más fácil alejar la mirada de las víctimas, evitar esas interrupciones groseras de nuestro trabajo, nuestros sueños, nuestras esperanzas. Resulta incómodo y molesto estar implicado en el dolor y la desesperanza de otro ser humano.

Pero, para la persona indiferente, el vecino no tiene importancia. Su vida carece de sentido. Su angustia, visible o invisible, no interesa. La indiferencia reduce al otro a una abstracción.

Allí, tras las rejas de Auschwitz, los prisioneros trágicos eran los llamados Muselmänner. Envueltos con sus mantas, estaban sentados o tumbados en el suelo con la mirada fija y ausente en el espacio, sin consciencia de donde estaban o de quiénes eran, ajenos a su entorno.

Ya no sentían dolor, hambre o sed. No temían nada. Estaban muertos y no lo sabían. En cierto modo, la indiferencia al sufrimiento es lo que convierte al ser humano en inhumano. La indiferencia, después de todo, es más peligrosa que la ira o el odio».

[bctt tweet=»La indiferencia es más peligrosa que la ira o el odio » username=»Serendipia_psic»]

Si te interesa el tema de la deshumanización tratado en este artículo, también te recomiendo “La Baja Autoestima en las Redes Sociales“.

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