Psicología

Positividad tóxica: exceso de optimismo

By 1 agosto, 2020 No Comments
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Seguramente te habrán dicho este tipo de frases cuando estás atravesando un problema o tienes una mala racha: “no te preocupes, pronto se pasará” o “trata de ver el lado positivo”. Incluso, puede que las hayas dicho tú en alguna ocasión.  Estos mensajes de positividad son aparentemente de ayuda, pero acaban siendo un juicio moral de cómo han de sentirse las personas. Es aquí cuando entra en juego  la positividad tóxica.

Martin Seligman acuñó el término psicología positiva en los años 90 para señalar que era necesario estudiar, desde un punto de vista científico, todo aquello que hace feliz al ser humano.

Desde entonces han sido muchos los que han cogido este discurso optimista, abusando de él y llegando a extremos contraproducentes. Puede que te estés preguntando: ¿El optimismo puede llegar a ser dañino?

La respuesta es sí, todo en exceso puede ser perjudicial. En este artículo vamos a hablar sobre la positividad tóxica y cómo nos puede afectar.

¿Qué es la positividad tóxica?

El término de positividad tóxica fue descrito por el psicólogo Konstantin Lukin. Y se refiere a la actitud de optimismo excesivo y permanente ante cualquier circunstancia, negando o minimizando las demás emociones.

Esta felicidad desmedida tiene su origen en la sociedad, donde se prima el ideal de éxito y felicidad. De hecho, muchas personas piensan que su objetivo de vida principal es ser feliz, a toda costa.

Con ello, se generan unas expectativas que no se corresponden a la realidad.

¿Cuándo ser positivo se convierte en algo excesivo y tóxico?

Hay una serie de comportamientos que los podemos identificar como tóxicos tanto si van dirigidos a los demás como a uno/a mismo/a:

  • Esconder lo que sentimos.
  • Minimizar o negar las emociones negativas.
  • Sentir culpabilidad por sentir emociones negativas
  • Minimizar el sufrimiento de la situación,

La positividad tóxica es algo que se reproduce rápidamente por las redes sociales. La gente no suele subir a sus perfiles cuando están mal, sólo vemos los momentos en los que se divierte o está feliz y rodeados de gente. Pero, ¿esa es realmente su realidad? Definitivamente no.

Nos empeñamos en alcanzar nuestra felicidad y que sea de forma permanente. Pero no nos damos cuenta que de esta forma no vamos a alcanzar nuestra felicidad. Puede que no consideres que la felicidad tiene un lado oscuro, pero lo tiene.

Al centrarnos sólo en sentir emociones positivas, negamos o evitamos sentir las negativas o desagradables y éstas se hacen más complicadas. Cuando una persona no presta atención a todas sus emociones, se acumulan y llega un punto en que estallan y vienen todas de golpe.  Prestar atención a tus emociones es importante puesto que te dan información para ayudarte a reaccionar.

Cuando alguien atraviesa por un mal momento por el motivo que sea, lo que realmente quiere es que alguien le escuche y dé valor a lo que siente.  Lo que menos busca es que ninguneen sus emociones y le exijan que vea la situación (que para esa persona es desagradable), con unas gafas de color de rosa.

Muchas personas con una positividad tóxica son incapaces de compartir emociones negativas, aún con su círculo más cercano. Suelen responder con un “todo irá bien”, “si eres optimista, la vida te ayudará” ante circunstancias negativas.

Pero no se dan cuenta que al hacer esto, más que una ayuda, están haciendo un juicio de valor. Están minimizando los problemas y sentimientos de la otra persona.

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Cada emoción tiene una función determinada. No nos gusta sentir emociones negativas porque no son agradables de sentir, pero sin ellas no podríamos gestionar de manera eficiente las situaciones a las que nos vamos enfrentando diariamente.

La principal consecuencia de la positividad tóxica es esconder nuestras emociones negativas. Y esta represión generará frustración y con ello, nuevas emociones negativas. Por lo que nos va a resultar casi imposible alcanzar la felicidad que deseamos si seguimos utilizando mal nuestras emociones.

“Para ser felices, no necesitamos tener siempre emociones positivas. Si no un equilibrio entre todas, sabiendo escuchar a todas y cada una de nuestras emociones”.

Si una persona cercana (o tu mismo/a), tiene problemas y lo está pasando realmente mal, es importante aprender a escucharla, validar sus sentimientos y en medida de lo posible ofrecer un apoyo real.

El optimismo desmesurado.

Podemos pensar que la positividad tóxica es algo raro, pero es algo más común de lo que pensamos. A nivel de negocios, es uno de los principales motivos por los que los emprendedores fracasan.

No porque no tengan una buena idea, sino porque su optimismo desmesurado hace que no tengan en cuenta los contratiempos y problemas que le pueden surgir.

Ese exceso de optimismo o positividad tóxica puede hacer que se asuman más riesgos de los necesarios.

Claramente, el exceso de optimismo no solo es tóxico para los negocios sino también para nuestra vida personal. Un ejemplo de ello, sería comprometerse demasiado pronto en una relación de pareja con una persona que apenas conocemos ya que puede pasarnos una gran factura emocional.

A esto lo podemos llamar la paradoja de Stockdale. James Stockdale fue el prisionero estadounidense de mayor rango en la guerra de Vietnam. Estuvo preso durante 8 años y lo torturaron repetidamente. Sin embargo, sobrevivió.

Mientras estuvo en cautiverio, Stockdale se dio cuenta de que la probabilidad de sobrevivir era menor para los prisioneros que tenían un exceso de optimismo.

Estos prisioneros intentaban sobrevivir manteniendo la esperanza y el optimismo de volver a sus casas en Navidad. Pero, al ver que pasaban los años y esto no se cumplía, terminaban deprimidos y rindiéndose.

Por el contrario, los prisioneros que mantenían la esperanza pero que, a la vez, eran más realistas y aceptaban los horrores que estaban viviendo con entereza, fueron los que sobrevivieron.

Este optimismo daba lugar a una montaña rusa emocional pasando por la esperanza y terminando en desilusión. Esto, terminaba agotando a la persona, tanto a nivel físico como psicológico.

Consecuencias de la positividad tóxica.

El optimismo nos permite luchar por lo que queremos, pero el exceso de optimismo nos puede causar mucho daño a nosotros y a los que nos rodean.

Las principales consecuencias negativas a las que nos enfrentamos si tenemos una positividad tóxica son:

  1. Te mientes a ti mismo. No tener en cuenta la realidad y pensar que siempre va a salir todo bien, equivale a mentirnos a nosotros mismos y no ser consecuente con nuestras emociones. Puede que incluso no seamos plenamente conscientes de que nos estamos auto-engañando.
  2. Eres una bomba emocional andante. Ignorar nuestras emociones negativas, hace que las vallas acumulando y en cualquier momento te exploten y vivas el doble de las consecuencias iniciales. Y esto se puede traducir en un ataque de ansiedad, una crisis, explosiones de rabia o somatizaciones.
  3. Desarrollas una mala atención selectiva. Ser excesivamente optimista nos llevará a centrarnos únicamente en las cosas que queremos ver. Por lo que, no prestaremos atención o no le daremos la importancia que requiere a los problemas o complicaciones que puedan estar surgiendo, haciendo que éstos crezcan y se vuelvan insuperables.
  4. La positividad tóxica impide que se haga una valoración objetiva de la realidad. Esto lleva ano corregir los pasos que vamos dando, adaptándonos a las nuevas circunstancias y por tanto, llevándonos a cometer errores innecesarios que nos alejan de nuestra meta.
  5. Desarrollas expectativas irreales. Solemos organizar nuestra vida en base a lo que esperamos conseguir. Si debido a nuestro exceso de optimismo, no contemplamos todas las opciones posibles, estamos generando unas expectativas basadas en nuestra imaginación y no en la realidad. Esto, tampoco no ayudará a alcanzar nuestra meta.

¿Cómo puedo protegerme de la positividad tóxica sin caer en el pesimismo?

La sociedad suele premiar más a las personas optimistas. Si te dieran a elegir entre estar rodeado de personas optimistas o pesimistas, la elección sería clara. Nos han inculcado que pensar en cosas buenas, nos ayudará a atraerlas, y a la inversa.

Pero no siempre ocurre así. No podemos evitar que nos sucedan cosas desagradables, lo que sí podemos es aprender a afrontarlas y aprender de ellas. Creer que pensar en positivo siempre te ayudará a atraer cosas buenas es no ser realista, es  autoengañarte.

Cuando pensamos en el optimismo lo relacionamos con la metáfora del vaso. Si se ve el vaso medio lleno, te inclinas por el lado optimista. En cambio, verlo medio vacío está más vinculado a las personas pesimistas.

La realidad es que el vaso siempre tiene la misma cantidad de agua. Inclinarse hacia un lado u otro es no ser realista ni objetivo. Es hacerlo bajo nuestra perspectiva y estado de ánimo de ese momento.

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Cualquier extremo es perjudicial, sea en el lado negativo como en el positivo. Incluso los segundos pueden ser más peligrosos al crear una falsa y frágil realidad, es un arma de doble filo. Los extremos no brindan felicidad y, a la larga, resultan dañinos.

Pero, ¿qué puedo hacer para no caer en extremos?

  1. Comprender el optimismo. Algunas personas consideran que ser optimista consiste en negar cualquier emoción negativa. De esta forma se convierte en una positividad tóxica. El optimismo beneficioso nos permite evolucionar y seguir adelante, aceptando tanto las emociones positivas como negativas.
  2. Ser proactivo. El optimismo tiene diversos beneficios tanto para la salud mental como física. Pero desear que ocurran cosas buenas sin hacer nada para conseguirlas, no va a hacer que ocurran. Si deseamos algo, no basta con pensarlo, hay que crear un plan de acción para que se cumpla. En caso contrario, nos conducirá a la frustración.
  3. Prever los posibles obstáculos. No consiste en pensar en todo lo malo que puede pasar, pero sí en contemplar las posibles adversidades que nos podemos encontrar. Así, como las cosas buenas que podemos conseguir. En definitiva, tener una visión realista.
  1. No sonrías si no quieres. No hay nada malo por sentirse triste, enfadado o asustado a veces. En determinadas circunstancias, es simplemente lo más adaptativo y sano. Forzar esa sonrisa para oculta emociones a otros o a nosotros mismos, lo único que va a hacer es agrandar el problema.

 

Positividad, pero de forma beneficiosa.

La visión que se tiene desde la positividad tóxica obliga a las personas a ponerse unas gafas de “felicidad” con las que sólo pueden ver una parte de la realidad, la mejor parte. Y esto hace, que a su vez, se niega la otra parte.

Este enfoque crea una realidad paralela en la mente de las personas, donde no hay problemas ni obstáculos, y donde las ganas y la fuerza de voluntad son lo único que uno necesita.

Con ello, nos olvidamos de la importancia que tiene el sentir tanto las emociones agradables como las desagradables. Ambas tienen una función evolutiva. Identificarlas, aceptarlas y expresarlas es esencial para nuestra salud mental.

Por mucho que intentemos ocultarlas o no ver los problemas u obstáculos que puede haber, van a seguir estando ahí. Negarlos o no prestarles atención, nos hará que no podamos prevenir riesgos, protegernos y tomar decisiones sensatas.

Obviamente, no es agradable ver sufrir a otras personas, y a veces podemos forzar a la otra persona a estar alegre enseguida, pero no es acertado.

Lo mejor para ayudar a esa persona es validar sus emociones, escucharla y dejarla el espacio que necesite. Debemos dejar que lo haga a su ritmo y no al nuestro.

Por todo ello, es importante no caer en extremos innecesarios y evitar tener una actitud de positividad tóxica. Ser optimista es beneficioso, siempre que lo hagamos desde una perspectiva realista y validando todas las emociones, en definitiva, es lo que nos hace humanos.

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Y tú, ¿has dicho o te han comentado en alguna ocasión este tipo de frases que denotan esa positividad tóxica de la que hemos hablado? Compártela con nosotros debajo en los comentarios.

Lorena Honrubia

Lorena Honrubia

“Desde que tengo uso de razón, me he dedicado a la ayuda de las personas que lo necesitaban, dentro de mis capacidades, tanto a personas de mi entorno como a desconocidas. Esto fue lo que me impulsó a dedicarme a la psicología. Para mí ha sido una gran satisfacción poder convertir esa vocación en mi profesión. "

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