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Dicen que la mejor forma de evolucionar y crecer es salir de la zona de confort.

Está claro que exponernos a la incomodidad de lo desconocido nos obliga a adquirir habilidades, conocimientos o recursos para salir victoriosos/as en nuestra tarea, pero ¿realmente merece la pena pasar por ello y no quedarnos en nuestro lado “cómodo”?

Hoy te voy a contar un cuento taoísta para que reflexiones sobre la importancia de salir de la zona de confort.

El cuento de la vaca: la importancia de salir de la zona de confort

Había una vez, hace muchos muchos años, un sabio Maestro paseaba junto a su discípulo por el campo, escapando de la convencionalidad de la vida estudiantil en la civilización.

En su paseo, dieron a lo lejos con una humilde casita de madera. El Maestro decidió acercarse a aquel lugar llevado por la curiosidad.

Allí encontraron a una pobre familia que carecía casi de recursos económicos: la casita de madera necesitaba reformas de lo resquebrajada y vieja que se encontraba, las ropas que vestían estaban desaliñadas, sucias y rasgadas y sus cuerpos eran escuálidos y casi carentes de vida.

El Maestro se dirigió al padre de la familia para preguntarle cómo podían subsistir ante esas condiciones de extrema pobreza.

“Tenemos una vaquita”.- le contestó el pobre hombre. “Esta vaquita da varios litros de leche al día. Con la leche que nos da, podemos venderla o intercambiarla por otros alimentos y el resto lo convertimos en queso y otros lácteos para alimentarnos. De esta forma, podemos sobrevivir”.

Muy agradecido por la información, el Maestro le dio las gracias y se despidió de ellos. Durante el camino de vuelta, se dirigió a su discípulo y le dijo: “Vuelve, lleva a la vaca hasta el precipicio y, una vez allí, empújala”.

El joven discípulo, horrorizado, pidió explicaciones a su maestro, pues, eliminando la única fuente de ingresos y alimento, esa familia acabaría muriendo de hambre. El Maestro le insistió, por lo que, apesadumbrado, el discípulo hizo aquello que le pedía su mentor, pues era sabio y nunca había observado maldad en sus lecciones. “Sus razones tendrá para tomar esta decisión”, pensó.

Así que llevó a la vaquita al borde del precipicio y la empujó para que cayera por él, matándola en el acto al impactar con el suelo.

Al cabo de los años, todavía cargando con la culpa de haber cometido aquel acto tan espantoso, el discípulo decidió regresar a aquella casita humilde para presentar sus disculpas y pedir perdón por haberles arruinado la vida.

Cuál fue su sorpresa que, al irse acercando al lugar donde se encontraba la casita de madera, ya no había ni rastro de ella. Ahora, en cambio, en ese mismo sitio se levantaba una gran casa de ladrillo, con grandes y bellos jardines florecidos y cuidados.

El joven apresuró su paso, impresionado por lo que veía y temiendo lo peor: aquella familia había perdido su hogar y otra se había instalado en aquellos terrenos.

Al llegar preguntó por aquella familia y le contestaron que seguían siendo los propietarios de  aquella casa. Se dirigió al padre de la familia buscando explicaciones ante tan afortunado cambio de vida:

-“Teníamos una vaquita que nos daba litros de leche todos los días y, con ellos, pudimos subsistir varios años pero, un día, cayó por el precipicio y murió. Al no tener otra forma de poder vivir, nos vimos obligados a hacer otras cosas, desarrollar nuevas habilidades que nunca creímos que podríamos adquirir. Al hacerlo, comenzamos a progresar y nuestra vida cambió por completo”.- contestó el hombre que ahora lucía bellos y caros ropajes y desprendía salud y jovialidad.

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¿Qué nos enseña el cuento sobre la zona de confort?

Como has podido leer, este cuento nos hace reflexionar sobre las cosas, las situaciones, los comportamientos o las personas a las que nos atamos aun no siendo felices solamente por comodidad o miedo a salir de la zona de confort.

Hay quienes afirman que todos tenemos una “vaquita” en nuestra vida de la que no nos deshacemos por miedo a las consecuencias.

Esa “vaquita” que tenemos en nuestra vida sería aquello que nos da algún tipo de beneficio (ya sea material, emocional…) del que acabamos dependiendo, a pesar de que ese beneficio no nos satisfaga lo suficiente.

Sin querer acabamos reduciendo nuestro mundo a esa “vaquita”, a ese lugar cómodo y seguro, que nos insta a no querer salir de la zona de confort.

El problema de aferrarnos a algo es que también nos limita, nos quedamos en lo conocido, sin motivación de prosperar.

Si prestamos atención al cuento, hasta que la familia no tuvo la necesidad de “sacar las castañas del fuego”, se acomodaban a lo poco que les proporcionaba su vaquita, aunque eso les hacía ser pobres y pasar hambre y penurias. Una vez ese sustento desapareció de sus vidas, tuvieron que buscar alternativas para poder sobrevivir.

Es más, lo más probable es que esas habilidades que desarrollaron, estuvieran “dormidas” y, al no haber necesidad, no llegaron a ver la luz. Si la vaca no hubiera muerto, seguramente habrían seguido sus vidas igual, no habrían salido de pobres y esas habilidades seguirían sin ser desarrolladas.

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Un claro ejemplo de tener una vaca en tu vida, sería tener un trabajo que te da un sueldo estable todos los meses, pero el cuál no te gusta y no te hace feliz. Te acomodas por miedo a perder ese beneficio económico a pesar de que, aunque en cierta forma mantiene tu calidad de vida, por otro lado también la empobrece.

Otro ejemplo puede ser una pareja a la que ya no quieres o con quien mantienes una relación que no te hace feliz (por la razón que sea), pero sigues a su lado por no quedarte solo/a.

¿Tú también piensas que todos tenemos una “vaquita”? ¿Qué crees que ocurriría si decidiéramos todos deshacernos de ellas, tendríamos mejor calidad de vida?

Porque claro, arriesgarse también implica poder fracasar…

¿Estarías dispuesto a deshacerte de tu vaquita, corriendo ese riesgo? Te leemos en comentarios.

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María Cartagena

La psicología ha sido desde el principio una devoción sin la que no imagino mi vida ni la de los demás, puesto que es algo que siempre nos ha acompañado, nos acompaña y lo hará en un futuro. La Psicología es la ciencia que estudia al ser humano con unos ojos científicos, pero con un “alma” pasional.

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