Autoestima

Cómo mejorar la autoestima

By 26 febrero, 2019 One Comment
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“Tengo baja autoestima”, “no sé qué hacer para mejorar mi autoestima”, “quiero trabajar mi autoestima”, “no tengo autoestima”,… Que levante la mano el psicólogo que no haya recibido una consulta con alguno de estos motivos. ¿Ninguno? Normal y lógico. La baja autoestima es un motivo muy muy común en las consultas de cualquier psicólogo.

Es, me atrevería a decir, uno de los pilares más importantes en el origen de prácticamente todos los trastornos que existen (quitando, por supuesto aquellos de origen orgánico, cromosomático o genético).

Muchos hablan de la autoestima. ¿Por qué? ¿Qué tiene de especial en comparación con otras problemáticas? Exacto: porque todos tenemos una, que es determinante para nuestro estado de ánimo y  éste lo es para nuestro día a día.

Te traigo un súper artículo/guía sobre la autoestima donde aprenderás a trabajar y mejorar tu autoestima, además de conocer de dónde viene, qué consecuencias tiene la baja autoestima y por qué debemos trabajarla.

¡Empecemos!

1. ¿QUÉ ES LA AUTOESTIMA?

1.1 ¿Qué es la Autoestima? ¿Qué la diferencia del autoconcepto?

Primeramente, ya que vamos a tratar muuuucho mucho la palabra autoestima, lo más indicado es que la definamos como se merece.

¿Qué es la autoestima? La autoestima es la evaluación o juicio que hacemos sobre nosotros, sobre nuestra valía. En otras palabras más simples, es nuestro amor propio. Un conjunto de valoraciones, pensamientos y sentimientos en lo que respecta a nuestro yo interior y exterior. Es un cúmulo de experiencias de nuestras relaciones con el mundo y con nuestros propios objetivos.

Muchas veces confundimos la autoestima con el autoconcepto. Antes que nada decir que no son lo mismo, pero sí tienen relación, del mismo modo que lo tienen ambos con la autodefinición.

El autoconcepto es la imagen que tenemos de nuestros rasgos y capacidades, es una creación cognoscitiva, consciente, de lo que podemos llegar a hacer.

Por otro lado, tenemos la autodefinición que es el conjunto de características que se usan para describirse a uno mismo.

Un ejemplo más claro sería el siguiente:

Carlos respondería de este modo a cada concepto:

Autoconcepto: “Puedo hacer cálculos mentales rápidamente”

Autodefinición: “Soy un matemático de 30 años, alto y con el cabello moreno”

Autoestima: “Me gusta cómo soy físicamente y adoro saber matemáticas”

Como podrás observar, la autoestima es el término con mayor carga emocional y afectiva de los tres.

De hecho, se ha demostrado que la baja autoestima tiene una alta correlación con problemáticas de diversa índole: depresión, ansiedad, fobia social, malos tratos, problemas laborales, problemas sexuales, trastornos alimenticios,… Llegando incluso al suicidio.

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1.2 La autoestima según Branden

El psicoterapeuta Nathaniel Branden define a la autoestima como un conjunto del sentimiento de capacidad y el sentimiento de valía.

El sentimiento de capacidad sería el potencial que tenemos todos para superar las dificultades y cambios que puedan surgir a lo largo de nuestra vida. En otras palabras, nuestra capacidad para salir adelante.

También englobaría el conseguir las metas, los objetivos y los deseos que yo mismo/a me proponga. Branden recomienda que estos siempre deberían de ser realistas y dentro de las capacidades individuales de cada sujeto.

Dentro de este sentimiento, nos encontramos con varios factores que lo afectan, de los que más adelante hablaremos, entre ellos: las comparaciones.

Por otro lado, en cuanto al sentimiento de valía, es creer que uno se merece lo que desea, se respeta y se cree digno de recibir amor y ser amado.

Se ha creado una especie de pensamiento erróneo por el cual las personas con baja autoestima consideran que ser felices es el premio por llevar a cabo determinadas acciones o por ser de tal forma.

No se entiende que ser feliz y vivir en bienestar es un derecho propio de cualquier ser humano y que ellos mismos son los que se están negando esa capacidad.

Cuando una persona se tiene respeto hacia sí misma, tendrá respeto hacia los demás y estos lo tendrán con esa persona de forma recíproca. En cambio, cuando esa persona carece de respeto hacia sí misma, difícilmente otros la respetarán.

Normalmente la falta de respeto hacia uno mismo viene a darse en una forma de menosprecio hacia la autoimagen. Las personas tenemos dos opciones: o nos aceptamos como somos (considerar que hay aspectos que no dependen de nosotros y no lo podemos cambiar, pero nos cuidamos y mejoramos lo que sí esté en nuestra mano); o nos negamos, nos rechazamos e, incluso, nos odiamos.

Las personas que “optan” por no quererse, seguramente dejarán de cuidarse, por lo que su aspecto físico empeorará y su autoimagen con ella. Esto lleva a una baja autoestima.

No nos paramos a pensar que nuestro cuerpo es una gran ventaja que se nos ha sido otorgada como vehículo, como carcasa. En vez de cuidar aquello que nos ayuda a interaccionar con el exterior, nos empeñamos en maltratarlo y descuidarlo.

Esto ocurre en el mundo de los Trastornos de la Conducta Alimentaria: no llegan a ser el ideal físico que les gustaría (que se les impone), se maltratan no comiendo o atiborrándose y purgándose después, más tarde se sienten peor de lo que estaban y vuelta a empezar el círculo vicioso.

A parte de por el físico, también podemos encontrar una infravaloración de uno mismo por la orientación sexual o en casos de transexualidad, como te cuento en el artículo “Baja autoestima en el colectivo LGTBI”). Nos encontramos ante una sociedad que está cambiando, pero que sigue manteniendo viejas costumbres que no ayudan en el avance de algunos colectivos.

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2. CÓMO TRABAJAR LA AUTOESTIMA EN 15 PASOS

Combatir una autoestima baja no es trabajo fácil, pues es algo que vamos forjando a lo largo de nuestra vida, es un cúmulo de pensamientos negativos que nos corrompen y han corrompido durante años.

Llega un punto en el cual el tratarse mal acaba siendo el día a día, una costumbre, y dejamos de buscar estar bien o felices porque se convierte en algo desconocido, incluso tememos buscarlo. Es aquí cuando el tan famoso dicho: “mejor malo conocido que bueno por conocer”, cobra fuerza.

Trabajar la autoestima comienza con ser determinante con la idea de mejorar y estar bien. No es un camino simple, sino todo lo contrario. Lo realmente fácil es seguir viviendo compadeciéndose y victimizándose porque las cosas no nos han ido como habíamos previsto o soñado: “he tenido mala suerte”, “soy un desastre”, “esta vida no es la mía, pero ¡¿qué le voy a hacer?!”,…

Hay una frase que me llamó mucho la atención hace poco: “Cuidado con la tristeza. Es un vicio” de Gustave Flaubert y es que es lo que realmente ocurre. Lo costoso es intentar desmantelar esa red tóxica en la que se ha convertido nuestra mente, con hilos en forma de pensamientos negativos irracionales y que está influyendo en nuestra forma de ver la vida.

Aunque no siempre es tan difícil llegar al cambio. Algunas veces surgen “insights” reveladores espontáneos que ayudan a ver las cosas de repente de otra forma. En psicología, utilizamos la palabra “insight” cuando una persona alcanza de forma inesperada una verdad, es decir, que entiende y da sentido a una situación de forma esporádica.

Esto puede deberse a un estímulo que lo desencadene previamente y que hace que la persona comprenda y vea sentido a las cosas que antes no lo tenían, además que surja dentro de ella una fuerza que creía no poseer y le ayude a superar los problemas.

Pocas veces llegaremos a alcanzar un insight sin trabajo previo, pero se pueden dar y ello facilitaría el proceso a mejorar la autoestima.

Por otro lado, otro rasgo propio de las personas con baja autoestima, es centrarse mucho en los demás para llenar esa falta de amor hacia sí y se olvidan o se dejan un poco de lado a ellos mismos.

A continuación te doy 15 pasos para empezar a mejorar tu autoestima. 15 consejos que deberían ser tus mandamientos para alcanzar la felicidad:

1.Vístete como te gusta

¿Qué me dices de ese vestidito que tan bien te sienta o de ese estilo tan propio y que tanto te caracteriza?

La vestimenta es una forma de exteriorizar lo que somos por dentro. Si te apetece ponerte algo, date el gusto y ¡póntelo!

¿Qué más da si hoy no es un día especial, sino como otro cualquiera, si no vas a ir a ningún compromiso o no tienes una cita?, ¡vístete para ti!  Es posible que tengas vergüenza por si te preguntan el motivo de ese “cambio”. Pero ¡¿qué más da?! Diles que te apetecía arreglarte y ponerte guapo/a, no tienes que dar explicaciones.

Puede parecer una tontería, pero una prenda de vestir, un accesorio o un poco de maquillaje puede hacer que te sientas más seguro/a. Sentirse bien con uno mismo y estar seguro te hará mostrarte al mundo y te permitirá ser tú. Quitarse miedos siempre te ayudará a sentirte bien y permitirá a otros conocerte.

Además, siempre es posible que hasta te piropeen y ¡¿qué hay mejor para el autoestima que un halago?!

EJERCICIO: Abre tu armario y elige la prenda que más te gustaba o te gusta, con la que mejor te sentías. El día que te levantes poco motivado/a o tengas un evento que hace que estés nervioso/a, ¡póntela! Te dará seguridad y te hará sentirte mejor, con fuerza.

2. Come bien

Siempre es saludable llevar una buena alimentación. Sentirse sano por dentro ayuda mucho a sentirse bien por fuera y también eso nos afecta cognitivamente.

Una dieta rica en todos los alimentos hace que no nos falten nutrientes ni vitaminas y eso nos llena de energía y vitalidad. Pero, ¿sabías que existen alimentos que pueden contribuir a nuestra felicidad? Seguro que te viene ahora mismo a la cabeza el chocolate, ¡y no te equivocas! El chocolate puro es uno de esos alimentos que contribuye a nuestro bienestar.

Lo que sí que no esperarías es que te  dijera que la tan “odiosa” acelga, los mejillones, el yogur y un largo etcétera también lo son. El psiquiatra Drew Ramsey ha creado una dieta que está revolucionando Estados Unidos: “The Happiness Diet”(“La dieta de la felicidad”). Si te quieres informar más sobre estos alimentos, te dejo este y este artículo.

De este mismo modo, llevar una dieta sana también nos ayuda a vernos mejor físicamente, que es uno de los principales problemas que propician una autoestima baja.

EJERCICIO: Crea un planning de comidas, al menos orientativo, en el que estén más presentes los alimentos saludables (vegetales, frutas, proteínas,…) y menos presentes los menos saludables (azúcares, dulces, hidratos,…). No se trata de eliminarlos, ¡ojo!, sino de reducirlos. Si puedes permitírtelo, yo recomendaría acudir a un nutricionista o dietista titulado.

3. Date un capricho

Aunque es bueno ser estrictos con uno mismo en temas de alimentación o economía, no está mal concedernos un pequeño capricho de vez en cuando.

Que te han gustado esos zapatos, te mueres por jugar a ese juego de PS4 o te encantaría ir a ese concierto, ¡date el capricho! Si te concedes un premio, tu estado anímico será mejor y te sentirás más feliz.

Regalarse algo al mes o cada dos meses es algo fundamental. No tiene por qué ser algo caro, un detallito sobra. ¿No le comprarías a tu mejor amigo/a o a tu madre esa tontería que le hace sonreír? Haz lo mismo contigo. ¡Tú eres la persona más importante de tu vida!

Otra forma de premiarse es comer una vez a la semana algo que te guste de verdad. Normalmente serán productos con mucha azúcar o comida rápida, por eso no hay que abusar de ellos, pero concederse una comida o un alimento “prohibido” a la semana es bueno para tu estado de ánimo.

Tener estos gestos con nosotros nos sirven para reconciliarnos con nuestra persona y quitarnos presión, hacer que nos queramos un poquito más.

EJERCICIO: haz un listado de deseos de cosas que te gustaría tener o que te gusta disfrutar. Lo primero es tener claro qué te haría feliz. Lo segundo, ir cumpliendo la lista poco a poco dándote esos premios. Así tendrás una lista de recursos para esos momentos de bajón.

4. Duerme bien

¿Qué dicen las modelos y los famosos habitualmente? “Mi secreto es dormir 8 horas y beber 2 litros de agua al día”. Aunque sepamos que no es ese realmente el secreto, sino que cuentan con un poquito más de ayuda, dormir de 6 a 8 horas al día es fundamental (aunque varía según la persona, su edad, sus necesidades, etc).

Durante el sueño, nuestro cuerpo descansa y nuestra mente se relaja y repasa todo lo vivido durante el día.

Además, sin un buen descanso, nos estresamos y ponemos más nerviosos antes, cosa que nos hace sentir mal y/o nos hace comer más. Todo esto puede somatizarse y acabar hinchado nuestro cuerpo o que nos salgan sarpullidos, granitos o incluso fiebres o herpes al bajar las defensas. Esto no te va a ayudar a sentirte mejor contigo.

¿Sabías que uno de los factores que contribuyen a la depresión es no dormir las suficientes horas?

EJERCICIO: Organízate el día para poder descansar las horas que necesitas. Durante el desayuno, decide qué cosas tienes pendientes y planifícalas para no ir estresado/a y para poder priorizar y hacer lo importante y necesario.

5. Haz deporte

Del mismo modo que llevar una dieta equilibrada y dormir 8 horas, tener una vida activa ayuda a mantener la línea.

También el deporte hace liberar endorfinas (hormonas del amor/placer) y la adrenalina que nos hacen sentirnos mejor, lo que reduce la ansiedad y el estado de ánimo negativo.

Además, practicando deportes o yendo al gimnasio puedes conocer a otras personas y crear amistades. Tener un círculo de amigos con el que compartir aficiones hace que nos sintamos más integrados en comunidad y, por lo tanto, nos encontraremos mejor.

EJERCICIO: si tienes claro qué tipo de ejercicio físico te gusta y te ayuda, introdúcelo en tu horario semanal, si todavía no lo sabes: ¡prueba todos los que puedas hasta descubrirlo! Los hay de pago y los hay gratuitos, puedes adaptarlo a tu economía.

¿Has leído mi artículo sobre Cómo el fitness puede mejorar tu autoestima?

 

6. Haz actividades de ocio

Ver tu serie favorita, pintar, escribir novelas, fotografía, ir al cine, jugar al fútbol,…

Dedicarse tiempo, ya sea para mejorar la autoestima o simplemente para llevar una vida sana, es importante.

Tener unas responsabilidades que cumplir puede hacer que acabemos agobiados y estresados y requerimos de un momento de desahogo o de desconexión. Al igual que con los caprichos, el dedicarse tiempo para llevar a cabo una afición que nos llena nos ayudará a aliviar el estrés y a sentirnos más tranquilos.

EJERCICIO: Haz una lista de hobbies o cosas que te gustaría hacer a la semana y luego introdúcelas en tu horario habitual.

7. Cultiva tu mente

Aprender cosas nuevas o mantenerte al día en cuanto lo que pasa en la sociedad también te hace sentir más inteligente y en conexión a los demás.

Sentirnos más intelectuales hará que nos mostremos más seguros a la hora de desenvolvernos socialmente y eso potenciará nuestra autoestima.

Además, ¿sabías que mantener nuestro cerebro ocupado hace que se retrase el envejecimiento del mismo y se mantengan las capacidades durante más tiempo? La naturaleza es muy sabia y si algo dejas de usarlo, el cerebro entiende que ya no te sirve de ayuda y lo elimina para dejar más espacio para otras cosas.

De bebés, todos tenemos la capacidad de aprender y adaptarnos a cualquier idioma, no es como en la etapa más adulta que nos cuesta más. Si no se aprovecha, se va perdiendo mientras se va creciendo.

EJERCICIO: Puedes apuntarte a algún curso o taller o, simplemente, leer el periódico o ver el telediario para estar al corriente de lo que pasa en el mundo y así tener tema de conversación en reuniones sociales.

8. Haz algo bueno por alguien

Una acción altruista de vez en cuando, que no vivir por y para los demás, no confundamos, nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos y a elevar nuestra autoestima.

Muchos tachan el “hacer algo por alguien para sentirnos mejor” como un acto egoísta y eso no es cierto. Realizar cosas por los demás nos hace sentir bien porque el instinto de supervivencia ha hecho que así sea. ¿Qué tiene que ver la supervivencia con hacer algo por los demás?

Fácil: si hago cosas por los demás les hago sentir bien, por lo que me aceptan socialmente y me siento seguro dentro de mi grupo, lo que incrementa mi bienestar y, por lo tanto, mi autoestima.

El instinto “se ha dado cuenta” de que un ser humano en solitario no tiene las mismas probabilidades de supervivencia que uno que vive rodeado de otros seres humanos en comunidad.

Dejemos de pensar que hacer cosas por los demás para sentirnos bien es algo mezquino y empecemos a pensar que es una forma de hacer que todos ganen: mi entorno está feliz y yo me siento bien al ayudarles.

EJERCICIO: Esto depende de cada persona. Si dispones de tiempo, puedes hacer un voluntariado en alguna asociación o si dispones de dinero u objetos que no te sean útiles, una donación. También ayudar a alguien de tu entorno cuando se presente la ocasión.

9. Rodéate de gente buena

Supongo que habrás oído eso de que no es bueno juntarse con “gente tóxica” y es cierto. En esta vida no es bueno tener gente que te hunda y menos con lo corta que es.

Seguramente estarás pensando en esa persona que tienes cerca, que aunque sabes que no es buena para ti no quieres apartar de tu lado, pero llegará el día que tú mismo/a te darás cuenta que debes tomar una distancia.

No digo que debas alejarte y olvidarte de esa persona, eso es muy fácil de decir, pero sí que emocionalmente lo hagas poco a poco. Te sentirás mejor a la larga.

Fíjate en tu entorno, habrán personas que se preocupan por ti y quieran lo mejor para tu vida. Aférrate a ellas y déjate querer, al mismo tiempo que tú cuidas de ellas. Notarás el cambio.

EJERCICIO: Haz una reflexión sobre la amistad. Piensa qué consideras indispensable para llamar a alguien “amigo/a” y compáralo con la gente de tu entorno. Aquellos que no lo reúnan o, incluso, lo contradigan, quizá no sean las personas más recomendables en las que volcarte o en las que buscar compañía.

10. Perdónate. No te machaques

Es un rasgo común, si no el más importante, dentro de la baja autoestima: el autodestruirse.

Creo que prácticamente todas las personas con baja autoestima piensan que no merecen ser felices porque no se lo han ganado. No les entra en la cabeza que la felicidad no es algo que deba ser merecido.

Hazte un gran favor: deja de pensar que algo hiciste mal y que no eres merecedor/a de la felicidad. Perdónate por haberte tratado tan mal, por haberte dañado y comienza a alejar esas duras palabras y esos mezquinos pensamientos de tu mente.

Todo el mundo puede ser feliz si se lo plantea. La felicidad no es una aptitud, sino una actitud.

EJERCICIO: Escríbele una carta a tu yo pasado, explicándole qué hizo mal y cómo puede hacerlo mejor de aquí en adelante, qué tiene que aprender y acaba diciéndole que le perdonas por sus errores.

11. No te compares

Normalmente para reafirmar que somos inferiores, nos comparamos con personas que tienen todo aquello que nos gustaría tener: ser guapo/a, inteligente, tener éxito,… Nunca nos compararemos con alguien que consideramos menos que nosotros.

Deja de fijarte en todas esas cosas que tú no tienes, pero sí esas personas con las que te comparas. Todos y cada uno de los seres humanos somos diferentes y únicos. Sí que es cierto que para algunos alcanzar las cosas les ha podido ser más fácil (puede que parezca que es así y luego no sea la realidad), pero piensa que esa persona ha tenido más “suerte”.

Del mismo modo que te aseguro que esas personas con las que te comparas seguramente también se compararán con otras.

Dedicarte a vivir pensando en lo que no tienes hace que no aprecies lo que sí posees, de este modo no puedes apreciarlo y vivirlo. Eso sólo te va a hacer sentir culpable, un/a desgraciado/a, una víctima del destino o de la vida, y no te va a beneficiar hacerlo.

Se dice que para ser feliz, hay que ser agradecido con lo que tenemos.

¿Recuerdas el eslogan de esa campaña de Ikea? “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.

EJERCICIO: Antes de acostarte, repasa tu día y agradece esas pequeñas cosas que te hicieron sentir bien, aunque fueran mínimas.

 

12. Establécete objetivos reales

Del mismo modo que compararse hace que tengamos la sensación de inferioridad, establecer objetivos muy por encima de nuestras capacidades también puede provocárnoslo.

Siempre es bueno intentar superarse y llegar a ser mejores, pero ello deja de ser algo productivo cuando fijamos metas que sabemos que no vamos a poder alcanzar. Esta es una forma de autoboicotearnos.

¿Te suena el término “indefensión aprendida”? La indefensión aprendida se da cuando nos excusamos para no poder alcanzar los objetivos (que podrían llegar a ser alcanzados) con argumentos de inferioridad: “no puedo hacer esto porque soy tonto”, “no puedo presentarme a ese trabajo porque seguro que no cumplo el perfil”,…

Al final acabamos interiorizando tanto que no somos tan buenos que, para reafirmárnoslo,  actuamos pasivamente ante todas las situaciones en las que no percibimos control por miedo a las consecuencias.

Del mismo modo que nos ponemos zancadillas para que se dé una “profecía autocumplida” o “efecto pigmalion”. Se daría cuando una persona predice que algo ocurrirá de una forma subjetiva y luego, consciente o inconscientemente se esfuerza para que ocurra de ese modo y así demostrar que llevaba razón.

Un ejemplo sería escoger a un niño al azar en una clase (con igual rendimiento que sus compañeros) y decirle a su profesor que ese niño es superdotado. Al final del curso, ese niño tendrá mejores resultados que sus compañeros porque su profesor hará todo lo posible para que se logre esa profecía sin saber la realidad.

EJERCICIO: Establécete objetivos a corto, medio y largo plazo. Comprueba que sean posibles de alcanzar, teniendo claro qué cosas necesitas para conseguirlo. Luego, enumera los pasos uno a uno que tendrás que ir superando hasta alcanzar esa meta.

13. Mímate

Cuídate un poquito más. Si ves que necesitas un respiro, dátelo.

Un masaje, un bañito de espuma, apagar el móvil, pasar un tiempo tranquilo/a solo/a,… Lo que necesites.

Todos deberíamos tener este momento para nosotros todos los días. No hace falta mucho, con media hora sobra. Concédete esa media hora diaria. Lo notarás.

EJERCICIO: usa la misma lista de los caprichos o premios para este punto.

14. Acepta que no eres perfecto/a y permítete cometer errores

Todos somos imperfectos. No existe la perfección. Hasta la persona que creas más perfecta, no lo es.

Somos humanos y por ello es imposible que seamos perfectos. Suelo utilizar la expresión: “todos somos humanamente imperfectos”. Los seres humanos carecemos de perfección: nos ponemos enfermos, fallecemos, nacemos en “blanco” y tenemos que ir aprendiendo durante nuestra vida,…

Asume que probablemente llegará el momento en el que te equivocarás, pero no te lo eches en cara. Nadie nacemos enseñados, no podemos prever cómo van a actuar los demás, no controlamos el 100% de los elementos de cada situación, por lo que alguna vez las cosas no saldrán como queremos.

Una vez aceptes que cabe la posibilidad de error y que es algo normal, te quitarás presión y podrás al fin respirar y vivir.

Piensa que no controlar las cosas puede dar miedo, pero también es algo excitante no saber qué ocurrirá, es como una aventura. Empápate de cada uno de tus pasos y experiencias, pues siempre te van a ayudar a crecer y desarrollarte como persona.

EJERCICIO: busca en internet elige una frase que te motive y escríbetela en un lugar muy visible, que sea fácil de encontrártela en el día a día. Tiene que ser una frase que te dé fuerzas y te haga sentir bien. Puedes elegir algunas de las que te recomendamos en este artículo.

15. Confía, en cree en ti y sé fiel a ti mismo/a

Ante todo, éste es el paso más importante. Sé tú mismo/a siempre, sigue tus principios, no seas lo que los demás esperan de ti, sino lo que realmente sientes y quieres ser.

Recuerda que una persona que se enmascara como una persona que no es, nunca podrá ser feliz porque vive una mentira. Al principio puede funcionar, pero llegará el momento en el que sea imposible vivir en armonía con una vida falsa.

Puedes alcanzar siempre lo que te propongas en la medida que te esfuerces en conseguirlo.

EJERCICIO: Si eres de los/as que suele consultar todo al resto, comienza a dejar de hacerlo. Si te equivocas, ya buscarás una solución, pero no lo adelantes. Confía en que también puedes hacerlo genial.

También puedes leerte este libro: “El caballero de la armadura oxidada” (Robert Fisher, 1997). Me encanta recomendarlo para estos casos.

3. ¿DE DÓNDE VIENE LA BAJA AUTOESTIMA?

¿Te has parado a pensar alguna vez por qué no te quieres? ¿O por qué sí? Damos por hecho que tenemos esa “calidad” de autoestima porque nacimos así o, directamente, preferimos no profundizar en esas cuestiones y vivir (o malvivir) con lo que nos ha “tocado”.

La autoestima. ¿Se nace o se hace? Vaya, complicada cuestión que seguramente ni siquiera te habrás planteado.

Estudios demuestran que existe una carga biológica, es decir, que nacemos predestinados o con cierta vulnerabilidad a poseer un tipo de autoestima u otro (ser sensible a sufrir ansiedad, por ejemplo, influye gravemente en la autoestima). Pero, ¿y si te dijera que la autoestima tiene parte biológica y también ambiental? Tiene sentido, ¿no crees?

Aunque la biología pone de su parte en nuestra autoestima, la que posee mayor relevancia en esta es la parte ambiental. Nuestro entorno, nuestra educación, el afecto que hemos recibido de los demás, las experiencias vividas a lo largo de nuestra vida,… todo ello es lo que de verdad influye en nuestro amor propio.

A continuación, veremos cómo esa parte ambiental repercute positiva o negativamente en nuestra autoestima, construyendo una alta o baja autoestima.

 Como mejorar la autoestima en 15 pasos-un-pedacito-de-psicologia

2.1 La autoestima en los primeros años de vida

Un lienzo en blanco. Así es como nacemos. Somos puras hojas de papel sin nada escrito, sin palabras, sin experiencias. La biología hace que seamos de papel de seda, de papel de acuarela o simples hojas de papel de folio, pero todos nacemos en blanco en un mundo en el cual se nos abalanzarán los colores en cuanto empecemos a respirar fuera del vientre materno (o incluso antes).

Ya durante los 3 primeros años, aunque nuestras únicas formas de comunicación e interacción con el medio sean mirar y llorar, somos pequeñas esponjas que absorben todo lo que nos rodea.

Parece curioso que a tan temprana edad ya estemos formando nuestra forma de querernos, pero es así. Desde el nacimiento hasta los 3 años, el bebé atraviesa la etapa, según Erik Erikson, de la confianza versus desconfianza.

La confianza es clave a la hora de forjar una autoestima saludable, pues al sentirnos seguros, más interaccionaremos con lo externo y menos vulnerables nos sentiremos en cuanto al ambiente. Saber que su madre volverá, pese a que desaparece de su campo visual, hace que el bebé sea más receptivo a explorar el ambiente, siendo siempre consciente que no estará solo en su travesía.

Otro concepto importante en estos primeros años es el apego. John Bowlby aseguraba que el vínculo emocional y recíproco entre un niño y su madre era de suma importancia a la hora de desarrollar una calidad de vida.

Cuando está asegurada la satisfacción de sus necesidades psicosociales y físicas, el bebé crecerá más óptimamente y su relación consigo mismo y con los demás será más sana. Si el apego se ve afectado, en un futuro puede llegar a desarrollar una dependencia emocional que condicione su vida y su baja autoestima, pues temerá ser abandonado.

Para que entiendas mejor lo que quiero decir con “apego”, aquí tienes un ejemplo de apego seguro, niño que lo más probable es que desarrolle una alta autoestima; y de apego evitativo o ambivalente, niño que seguramente tendrá problemas de baja autoestima cuando crezca.

Por último, con solamente 3 añitos, el bebé comienza su desarrollo moral y a interiorizar normas sociales. A pesar de que en ese momento no tienen tanta repercusión, más adelante este aprendizaje será clave a la hora de experimentar y concebir la culpa y/o la vergüenza.

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2.2 Construyendo las bases de nuestra autoestima: la infancia

Probablemente tengas algunos recuerdos de tu infancia. Quizá no te acuerdes de todo lo vivido, pero, aunque no seas consciente de todo aquello que experimentaste, todas aquellas situaciones han influido en tu desarrollo como persona y, por supuesto, en tu autoestima.

La autoestima declarada, es decir, momento en el cual el niño o la niña puede hablar sobre ella y es consciente de ella, no se da hasta los 8 años. ¿Quiere decir esto que no tenemos autoestima hasta esa edad? La respuesta es no. Aunque el niño no sea capaz de hablar de ella, sí la posee.

En la infancia temprana, los pequeños aceptan todos los juicios que hacen los adultos sobre ellos, sin plantearse su veracidad. Es un momento muy delicado para hacer ciertos comentarios pues cualquier cosa que se le diga será tomada como una realidad absoluta, interiorizándolo todo.

Además, no existen matices o términos medios para los pequeños, todo es dicotómico: “Soy buen@ o soy mal@”, “Soy list@ o soy tont@”, “Me porto bien o me porto mal”,…

Aunque un comentario inocente no suponga más que eso, un simple comentario, para un adulto, para un niño puede convertirse en un pensamiento irracional que se arraigará a él y que determinará su autoestima futura.

Por ejemplo, Elisa con 5 añitos no paraba de hacer muecas jugando, tocándose la nariz constantemente, durante un acontecimiento familiar. Su madre, cansada de que la niña pusiera esas caras y la interrumpiera constantemente durante la conversación que estaba manteniendo, le regañó enfadada y le dijo que dejara de poner esas caras que estaba muy fea y parecía un cerdo.

Elisa creció toda su vida acomplejada por su nariz y está pensando en operársela porque considera que es fea y parece un cerdo. Todo ello, como resultado de su baja autoestima.

Hay que ser extremadamente cuidadosos con lo que se les dice a los niños en edades en las que no puede reflexionar y tomar diferentes puntos de vista, y más si quien lo dice es una figura que ellos consideran de referencia o autoridad.

¿Qué crees que podría haber hecho la madre de Elisa? Tranquilamente podría haberle explicado que esas cosas eran gestos de muy mal gusto y que a los demás familiares les podía molestar. Que aquello era como cuando su perrito Pepe se sentaba delante de la tele y no le dejaba ver los dibujos, eso a ella le molestaba mucho. En ese momento tenía que portarse bien y más tarde en casa jugarían a lo que ella quisiera.

Si tienes hijos, probablemente me dirás que eso es imposible de llevar a cabo, que los niños pueden llegar a sacarte de tus casillas. Pero es un esfuerzo que debemos hacer para preservar la imagen que tienen los niños de sí mismos.

Recuerda que a esta edad, los niños imitan a sus padres y adoptan costumbres y creencias de ellos, que pueden interiorizar y adoptar como propias. ¿Recuerdas este anuncio?

 

También es el momento en el cuál los pequeños comienzan a tomar la iniciativa (etapa iniciativa versus culpa de Erikson), empiezan a vislumbrarse los remordimientos de conciencia, necesitan la aprobación social y entienden sus emociones, cosa que les ayuda a controlarlas y regularlas.

La susceptibilidad a esta edad es claramente tangible y, curiosamente, también coincide con la etapa en la que más niños sufren el divorcio de sus padres. Paradójicamente esto es cierto: los niños que sufren más divorcios en sus casas son aquellos que se encuentran en edades más vulnerables.

Un divorcio mal llevado a esta edad (3-6 años) puede suponer sentimientos de abandono permanentes que se verán arrastrados durante su vida, cosa que vemos reflejada en los pacientes que recibimos en nuestras consultas diariamente años después en su baja autoestima.

Esto se debe a que todavía no tiene la suficiente capacidad de razonamiento y se atribuyen la culpa de que sus padres no se quieran (normalmente, porque las discusiones de pareja se suelen enfocarse en temas relacionados con el niño).

Como ya he comentado, la existencia de diferentes perspectivas no existen para estos niños, puesto que sus creencias son muy limitantes, y harán la siguiente reflexión: “mis papas no se quieren por mi culpa. Papá se ha ido de casa porque no quiere vivir conmigo y ya  no me quiere”.

Pese a toda esta sensibilidad, también es un momento en el que el niño desarrolla la empatía y la conducta prosocial. Si posee una alta autoestima, dentro de él se promoverá el deseo de ayudar a los demás, cosa que reforzará esa alta autoestima todavía más. Si no ocurre así, el resultado será una baja autoestima. Aquí tienes un entrañable, curioso e, incluso algo cómico ejemplo de conducta prosocial entre niños.

Asimismo, es durante estos años cuando los adultos inician a promover las comparaciones entre niños y lo verbalizan ante ellos.

 

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Durante la infancia, es muy fácil que los pequeños se desmoralicen pronto y adquieran una indefensión aprendida: ponerse trabas o no intentar llevar a cabo un objetivo porque se tiene la creencia (infundada) de que no lo va a poder alcanzar. Esto haría que toda esa iniciativa que va adquiriendo se vea obstaculizada por el miedo a no llegar a ser lo que se espera de él.

Aunque será más tarde, a partir de los 7-8 años, cuando las habilidades de los niños empiezan a ser valoradas socialmente. Otro punto crítico para un posible sentimiento de inferioridad.

Desde bien niños nos comparan entre hermanos, entre compañeros, entre nosotros y otro sujeto cuando este tenía nuestra edad,… ¿Qué ocurre cuando nos comparan? Que nosotros también empezamos a hacerlo.

Nos han enseñado que debemos compararnos con alguien superior a nosotros para poder así progresar, pero ¿y si nuestro “objetivo” es demasiado inalcanzable? Nos frustramos y nuestra autoestima decae. Ya sea a nivel intelectual, psicológico o a nivel físico, siempre estamos comparándonos.

Los humanos somos seres individuales, cada uno único y diferente al otro, pero nos seguimos empeñando en parecernos. Los medios, la sociedad, las modas,… no paran de decirnos cómo debemos ser, cómo debemos pensar, cómo debemos sentir, incluso ¡cuáles deben ser nuestras medidas!

Cuando observamos que no nos acercamos a lo “normal” impuesto, empezamos a rechazarnos a nosotros mismos, sintiéndonos bichos raros o seres que no tienen la capacidad de ser “normales”.

Las primeras comparaciones se establecen en la escuela o el colegio. Las competiciones por las notas cada vez surgen de forma más temprana. Nos enseñan desde bien pequeñitos que lo importante es tener calificaciones altas, estudiar una carrera que nos lleve a un buen trabajo…

Pero nadie se preocupa por los talentos o por los gustos de esos niños. Puede que Alicia no quiera ser abogada y prefiera ser novelista, o Pablo prefiera ser arqueólogo antes que médico.

De este modo comienzan las exigencias, derivando en autoexigencias. Pronto no nos valdrá con lo que tenemos y nos empezaremos a menospreciar por no ser como nos están demandando que seamos, pues es más fácil ver lo negativo que lo positivo.

Algo que siempre me ha llamado mucho la atención es que ponemos una excusa muy curiosa para fustigarnos cuando algo no sabemos hacerlo y es: “Todo el mundo sabe o le sale mejor hacer esto”.

Nuestro lenguaje a la vez que rico suele ser algo limitante, pues estamos englobando dentro de “todo el mundo” a todas y cada una de las personas de este planeta (o deberíamos hacerlo, pues así lo estamos dando a entender). Es absurdo pensar que todas las personas del planeta saben algo que otra persona no sabe hacer.

Estas comparaciones son irracionales y extremadamente limitantes para nosotros. Habrán personas que sí sepan hacer aquello que anhelamos realizar, pero otras tantas (incluso más que las que sí saben) que no podrán al igual que nosotros.

Si para un adulto ya es difícil lidiar con todo esto, imagínate un niño o una niña en pleno crecimiento y comprensión del mundo.

Como mejorar la autoestima en 15 pasos-un-pedacito-de-psicologia

2.3 La adolescencia: fuente de la baja autoestima

La adolescencia. Menuda época la adolescencia… Son unos cuantos años de muchos, muchísimos cambios, de mucha desorientación, de entorno mutando, de personas a nuestro alrededor que también está sufriendo transformaciones, de inseguridad,… ¿Y quién no estaría desorientado y/o inseguro ante tanta inestabilidad?

Se caracteriza al adolescente por ser un individuo que está en la “edad del pavo”, que se muestra distante de los familiares, que desobedece y se rebela, que no se conforma o se conforma demasiado con las cosas, que no sabe lo que quiere, que son extremistas y que sólo piensan en sus amigos.

Hasta ahora, todo lo que ha vivido ese/a adolescente lo ha dado todo como verdad sin pararse a preguntar si realmente para él o ella era así, pero ahora las cosas han cambiado.

Comienza a ver que existen diferentes puntos de vista, que se pueden dar varias verdades (pues todo es muy subjetivo) y se da cuenta de que hay cosas que hasta ahora estaban en su vida, que a día de hoy no comparte ni se identifica con ellas. Normal que se muestre de esa forma.

Pese a la nueva concepción de diferentes perspectivas, el adolescente cree que ningún adulto puede entender por lo que está pasando. En cierta forma, este pensamiento tan egocéntrico se debe a esa focalización en sí mismo buscando su verdadero ser, su personalidad e identidad.

Por ello, por esa creencia de incomprensión por parte de los adultos, los jóvenes se apoyan entre ellos, pasando de tener como referente a figuras de autoridad (padres, profesores, familiares,…) a compararse con sus pares.

El adolescente se encuentra con 3 problemas principalmente en sus años más cambiantes: cuál es su ocupación en el mundo, cuáles son sus valores y creencias y cuál es su identidad sexual.

Encontrar su lugar en el mundo, que está cambiando ante sus ojos, puede suponer una pequeña crisis. Ya no es un niño sin responsabilidades y ser un adulto todavía le queda demasiado grande. ¿Qué va a ser de él? ¿A qué quiere dedicar su vida? ¿Cómo enfocar ese futuro que antes veía tan lejano, pero que cada día está más cerca?

Por otro lado, hasta ahora se había creído y había adoptado las creencias y valores de sus figuras de autoridad (seguramente de sus padres) y empieza a darse cuenta y a plantearse que a lo mejor no los comparte.

Y por último, comienza a despertar dentro de él o ella el deseo sexual, la atracción física hacia otras personas, su físico evoluciona y madura y sus hormonas se liberan como torrentes incontrolados en su interior.

Para rematar esta revolución e inseguridad, ¿y si las cosas no son como le habían enseñado? ¿Y si no le gustan las personas del sexo opuesto? ¿Y si le atraen ambos sexos? Todavía más descontrol, más inestabilidad. Esto puede ocasionar una baja autoestima.

Queramos o no, nuestra sociedad todavía se muestra algo reticente a aceptar la existencia de una orientación sexual más allá de la heterosexual. Muchos jóvenes verán con miedo, desaprobación o incluso repulsión el poseer una orientación diferente a lo que le han dicho que debe ser lo “normal”. También pueden temer ser rechazados o marginados por su familia, sus amigos y resto de entorno.

La autoestima del adolescente está poniéndose a prueba una y otra vez, y tener un cuerpo que está cambiando, con granos, vello, pechos, ensanchamientos, crecimientos y aparición de cosas que antes no estaban, tampoco les ayuda a verse mejor ante el espejo y sentirse seguros en los ambientes sociales.

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El cuerpo del adolescente está transformándose, ya no sólo anatómicamente, sino que también a nivel cerebral. La corteza prefrontal todavía está en proceso de maduración y por ello se atribuye el correr tantos riesgos en la adolescencia y el guiarse por impulsos.

El lóbulo frontal está destinado a controlar los impulsos, a planificar y tomar decisiones, a mantener una atención sostenida a poder llevar a cabo multitareas simultáneas, a empatizar o al sentido de la responsabilidad. (Si interesa la influencia del desarrollo cerebral en el comportamiento adolescente, te recomiendo la lectura de este texto y, si lo quieres más resumido, aquí).

Retomando la confianza, que era tan relevante a principios de nuestra vida, en la etapa adolescente se extiende a los amigos íntimos, compartiendo sentimientos y pensamientos.

Esta confianza empieza a tomar un nuevo rumbo, en forma de fidelidad o lealtad. Por todo ello, es tan importante para el adolescente el sentimiento de permanencia a un grupo con el que se ve identificado, respaldado y apoyado

 

4. CONSECUENCIAS DE LA BAJA AUTOESTIMA

La baja autoestima no tiene sólo una forma de manifestarse. Nuestra idea de persona con baja autoestima es: chico/a triste, callado/a, que no se atreve a dar su opinión o hablar a otros (sobre todo en grupos), que no le gusta su cuerpo y lo esconde y prefiere estar aislado/a.

Pero no siempre es así. Existen varias formas de expresarla, vivirla y sentirla. Cada uno somos diferentes y nuestro ambiente, circunstancias y experiencias pueden variar. Vamos a ver las manifestaciones más comunes. Algunas puede que te sorprendan.

4.1 Máscaras: la falsa autoestima

Como ya vimos en el artículo de “La Falsa Autoestima”, cuando una persona tiene baja autoestima, en muchas ocasiones intentará cubrirse con una “máscara” que lo proteja.

Normalmente, este mecanismo de defensa es desarrollado conscientemente, convirtiéndose, sin embargo, con el tiempo en algo inconsciente y automático.

¿Qué es la falsa autoestima? Es una protección que permite que no nos hagan daño o evitar aparentar que somos débiles o vulnerables ante los demás. Se puede presentar en diferentes “formatos”: belleza, éxitos profesionales, economía y posesiones, narcisismo e inestabilidad amorosa/éxito en ligues.

Algunos de los rasgos de las personas con baja autoestima que se enmascaran tras una imagen que no poseen, son: sentimiento de superioridad, envidia por lo que son o tienen los demás, crueldad, prepotencia, no reconocen errores, no piden perdón cuando se equivocan, son criticones, alardean sobre ellos mismos, hacen promesas que no cumplirán, no se preocupan por el resto de personas, no se aceptan ni se valoran positivamente, no consiguen alcanzar la felicidad por más que se esfuerzan en ello, se sienten presionados y con ansiedad, temen que les descubran su verdadera identidad y, en ocasiones, presentan enfermedades psicosomáticas.

Este tipo de baja autoestima también es muy común verla en redes sociales, como también hablamos en “La baja autoestima en las redes sociales”.

 4.2 Riesgos vitales

Una persona con baja autoestima, como ya hemos ido viendo a lo largo del artículo, no se aprecia, por lo que puede llegar a castigarse o verse involucrada en situaciones que supongan un peligro para su vida. Llega un punto que la baja autoestima hace que piensen que su vida “da igual”, les siguen el juego a los otros en busca de aceptación y de impresionarles (y en algunas ocasiones, estas situaciones pueden ser peligrosas),…

De hecho, cada vez más nos encontramos con casos de embarazos de adolescentes por falta de toma de precauciones y de educación sexual o más casos de transmisión de ETS y/o VIH, pues muchos, sobre todo adolescentes, creen que recurrir al sexo les hará sentirse mejor y con mayor estatus frente a sus compañeros/as o a la sociedad.

También, se pueden dar casos de personas con baja autoestima involucradas en casos de violencia y delincuencia, ya sean mediante hurtos, robos con fuerza, agresiones, agresiones a familiares, destrozos y daños a la propiedad, violencia de género,…

Incluso, este tipo de perfil de baja autoestima puede estar relacionado con consumo drogas y alcohol, pues esas sustancias hacen que se evadan y no piensen en sus problemas (o, al igual que el sexo, para verse aceptados en ciertos círculos). En adición, estas conductas adictivas les sirven de auto-castigo y auto-destrucción.

El no poseer el cuerpo deseado puede llevarles a padecer conductas alimentarias que dañen gravemente su salud derivando en un Trastorno de la Conducta Alimentaria.

Por último, la baja autoestima puede conllevar a desarrollar graves trastornos como la Depresión Mayor, a autolesionarse o intentar suicidarse (incluso, consumándolo).

 4.3 Dependencia emocional

Es una de las más importantes consecuencias de la baja autoestima, pues se busca el amor o el valor propio en el amor y valor que nos pueden dar otros.

La persona con baja autoestima rechaza ser querida por sí misma o no sabe cómo o por qué debería quererse, en cambio sí desea que otros le quieran bien por lo que es o por lo que tiene.

Una persona con poca afectividad hacia sí misma, se unirá fuertemente a aquella persona que sí le proporcione lo que él/ella considera afecto, aunque sea una parte muy pequeña. Puede ser desarrollada hacia un familiar, su pareja, un/a amigo/a, su psicólogo/a,… aunque la más común suele ser el/la compañero/a sentimental.

Normalmente en un caso de dependencia emocional se pueden dar tres situaciones en pareja:

– La pareja quiere dejar la relación, pero la persona con baja autoestima suplica que se den otra oportunidad.

– La otra persona le impide ser o hacer lo que desearía a la persona con baja autoestima, pero ésta aguanta la situación por no estar sola.

– Cabe la posibilidad de que exista un maltrato físico y/o psicológico.

El mayor miedo de la persona con baja autoestima es quedarse solo/a, pues necesitará de alguien que le proporcione lo que él mismo no puede y/o le refuerce su identidad (verdadera o enmascarada).

Al no quererse, valorarse o aceptarse, la persona con baja autoestima tiene pánico a estar sola, por lo que tenderá a encadenar sus relaciones para no verse en esa tesitura.

Una relación sana se basaría en la creencia de que no se necesita a nadie para ser feliz, sino que uno solo puede serlo. Vivir en compañía de otra persona puede contribuir a la felicidad, pero nunca es el determinante de ella.

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4.4 Estado de ánimo negativo

Por supuesto, como ya decíamos antes, lo primero que se nos viene a la cabeza al decir “baja autoestima” es la tristeza. Una persona con baja autoestima estará rodeada de un aura de tristeza, negatividad, ansiedad, nervios,…

Vive sumida en la tristeza que le puede conllevar a graves situaciones como sería padecer una Depresión Mayor o el tener pensamientos suicidas. Será común observar ansiedad, problemas de apetito o sobreingesta, nervios, interferencias en el sueño, ataques de pánico,…

Normalmente, se destaca un gran catastrofismo y un pensamiento dicotómico (sí o no, todo o nada,…), extremista y negativo que lo único que hace es que la persona no sepa reforzarse positivamente.

En ocasiones, también pueden experimentar mucha culpa (irracional) que le lleva a autocastigarse o no hacer nada por mejorar su situación.

5.5 Celos y envidia

Los celos y la envidia suelen ser comunes en personas con baja autoestima, pues siempre tenderán a compararse (¿ves? Lo que hablábamos sobre el origen) con gente que tengan o sean aquello que ellos desean ser o tener.

La baja autoestima y el no valorarse a uno mismo puede hacer que la persona esté recelosa en sus relaciones sentimentales, estando a la espera de que su pareja se fije en otra persona. Este tipo de personas temerán que les sean infieles y/o que les abandonen. La hipervigilancia hará que la persona con baja autoestima se compare todavía más con las personas de su entorno  menospreciándose a sí misma.

Los motivos por los cuales una persona con baja autoestima sentirá celos (no infundados) son:

– Miedo a que le abandonen y a perder a su pareja. Esto supondría perder a la persona que les refuerza, les da seguridad, afecto, dinero,… También les da pavor la posible humillación de ser abandonados/as o que les sean infieles.

– Por mantener su “posesión”. La pareja ya forma parte de sus bienes y que se marche o que alguien se fije en él/ella supondría una amenaza para su propia autoestima (lo “poco” que tienen se lo arrebatan).

– Por miedo a no ser el centro de atención de la pareja. Una persona con baja autoestima buscará (aunque sea inconscientemente) sentirse importante, tener la atención de su pareja y obtener afecto de él/ella y si hay alguien que pueda quitárselo estará constantemente comprobándolo y en alerta.

– Tras una confesión de infidelidad, cuya intención era ganar sinceridad y perdón por parte de la pareja, hará que una persona con baja autoestima deje de confiar y aumente (o comience) a tener celos.

También puede envidiar a aquellos que son o tienen lo que les gustaría, llegando a intentar boicotear a los otros y/o sintiendo odio hacia ellos. Se convierten esas personas en su foco de atención, en su objetivo al que imitar e intentar superar como sea y lo que cueste. En cierta forma, es otro tipo de autodestrucción durante un intento de destrucción, real o imaginaria, de otros.

6.6 Pérdida de oportunidades

Infravalorarse y no observar la valía que posee cada uno, puede hacer que una persona adquiera una indefensión aprendida. La indefensión aprendida se da cuando ponemos excusas (injustificadas objetivamente) para no intentar alcanzar nuestros objetivos (que quizá sí podrían llegar a ser alcanzados) con argumentos de inferioridad: “no puedo hacerlo porque soy tonto”, “no puedo presentarme a ese trabajo porque seguro que no cumplo el perfil”,…

En otras palabras: no nos molestamos en esforzarnos en alcanzar una meta puesto que damos por hecho, adelantando consecuencias negativas infundadas, que jamás podremos conseguirlo.

Al final acabamos interiorizando tanto que no somos tan buenos que, para reafirmárnoslo,  actuamos pasivamente ante todas las situaciones en las que no percibimos control por miedo a las consecuencias.

A pesar de alcanzar los objetivos, las personas con baja autoestima no disfrutarán sus éxitos pues es “lo que tenían que hacer”, es decir, no son capaces de ver sus logros como extraordinarios; o lo achacarán a la suerte.

El miedo a lo desconocido o a salir mal parado, paralizará a la persona impidiéndole que intente trabajar en sus metas.

Esta consecuencia suele determinar y calar mucho en la infancia, como ya dijimos en el apartado.

7.7 Aislamiento de los demás

La falta de confianza en uno mismo/a y el miedo a ser dañado, hace que el conocer a personas nuevas o crear nuevas amistades sea un gran obstáculo.

En momentos en los que tengan que interaccionar con personas que no son de su confianza, la persona con baja autoestima se mostrará fría, tímida y distante, le costará ser espontánea.

En su mente reinará la preocupación sobre lo que los demás pensarán de él o ella, temerán ser rechazados o no gustarles.

Mucha gente se preguntará el por qué este tipo de personas se aíslan, porque no tienen apariencia de ser personas hurañas o antisociales.

En cuanto a relaciones sentimentales, suelen tener pocas parejas a lo largo de sus vidas o incluso pueden seguir siendo vírgenes, cosa que les hace sentir raros o extraños, pues no es lo “normal” lo socialmente establecido.

Durante su infancia seguramente fueron niños/as que intentaron satisfacer a sus padres (nunca pudiéndolo hacer y sintiéndose frustrados por ello), les faltó mucho afecto y tuvieron problemas de expresión de emociones y sentimientos en su hogar.

Como no se consideran capaces de establecer vínculos profundos con las personas, huyen y se esconden, lo que hace su conducta se refuerce. Cada vez que se alejen de los demás, supondrá que sea más complicado el acercarse. Estas personas sufren mucho porque desearían poder ser más extrovertidos y abiertos con los demás, pero encuentran un impedimento u obstáculos dentro de ellas que les imposibilita hacerlo. El miedo les paraliza y dejan que se apodere de ellos, resignándose a la soledad.

 

8.8 Agresividad y maltrato

Entre víctima y agresor existe un punto común: ambos poseen una baja autoestima. El agresor hace uso de su fuerza y del miedo que crea para estar por encima de los demás, lo que impide que le puedan dañar.

Pocas veces una persona agresiva es consciente de que su agresividad tiene un origen en su baja autoestima.

Se tratará normalmente de una persona que fue agredida en su infancia y que ha aprendido a defenderse haciendo daño a los demás.

Por otro lado, la víctima también suele ser una persona maltratada cuando era pequeña, pero que no ha sabido imponerse a los demás, por lo que acepta el rol de ser agredido/a

 

9.9 EXTRA: Consecuencias de la baja autoestima en adolescentes

Principalmente observaremos, por esa falta de maduración cerebral y la necesidad de pertenecer a un grupo, muchas ocasiones en las que se verá poniéndose en riesgo. Cada vez más nos encontramos con casos de embarazos adolescentes por falta de toma de precauciones y de educación sexual.

Es en estos años cuando la conducta antisocial y criminal florece, dándose casos de violencia y delincuencia, ya sean mediante hurtos, robos con fuerza, agresiones a pares, agresiones a familiares, destrozos y daños a la propiedad,…

También empezarán los primeros contactos con las drogas y el alcohol. Normalmente el tabaco y el alcohol suelen ser las primeras sustancias que se inmiscuyen en las vidas de los grupos de adolescentes. Quizá más tarde aparezcan otras, tipo: marihuana, cocaína, etc.

El no poseer el cuerpo deseado puede llevar al adolescente a padecer conductas alimentarias que dañen gravemente su salud derivando en un Trastorno de la Conducta Alimentaria.

Por último, la baja autoestima en un adolescente puede incluso llevar al joven a auto-lesionarse o intentar suicidarse.

A pesar de que los adolescentes se encuentran en una etapa bizarra y creemos que todos están raros y que no quieren saber o mirar más allá de ellos, existen una serie de conductas que pueden ayudarnos a identificar una baja autoestima:

  • Normalmente está cabizbajo.
  • No mira a los ojos (no se siente valioso).
  • Se profiere a sí mismo frases negativas.
  • Habla mal de los demás.
  • Tiene reacciones exageradas, desmedidas o dramatizadas.
  • Presume de proezas y hace ver que es muy bueno en algo (intenta convencerse de ello).
  • Habla o reacciona de forma agresiva (Esto lo podemos apreciar en muchos capítulos del programa de Cuatro “Hermano Mayor”).
  • Evita reuniones sociales.
  • Se muestra callado o al margen en situaciones sociales.
  • Es poco asertivo.
  • Hace aquello que dicen los otros del grupo, aunque no esté de acuerdo con ello y vaya en contra de sus creencias y valores.

5. ¿POR QUÉ ELEGIR TRABAJAR LA BAJA AUTOESTIMA?

El otro día viendo un vídeo realizado por la marca de cosmética y cuidado personal Dove, hizo que sintiera una gran conexión con lo que ocurre en la realidad: somos nuestros mayores críticos. La empresa quería demostrar lo exigentes que pueden llegar a ser las mujeres consigo mismas, sobre todo en lo que respecta al físico.

En el vídeo se nos muestra un emotivo experimento social que fue bautizado como “Mis pensamientos”. Se les pidió a una serie de mujeres que apuntaran en una lista todos aquellos pensamientos negativos que se autoconferían durante el día.

Más tarde, simulando realizar otra entrevista en una cafetería, dos actrices reproducían ese diálogo pérfido “mente-yo misma” entre ellas, justo al lado de las participantes del experimento.

Las chicas “muestra” quedaban horrorizadas al escuchar esas crueles y duras palabras que se suponía que una amiga decía a la otra amiga.

Mientras avanzaba la escena, las chicas se daban cuenta de que ese diálogo, si se le puede denominar como tal, es el que había surgido de sus pensamientos, hasta el punto de reconocer el origen de esas frases: ellas mismas.

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Algunas candidatas incluso le pidieron a la actriz “cruel” que parara de decirle esas terribles cosas a su amiga. Cuando las chicas oían aquello que ellas mismas se decían, desde fuera, se daban cuenta de lo maltratadoras que estaban siendo con ellas mismas, de lo horriblemente que se estaban tratando, dañándose maliciosamente y autodestruyéndose.

Y es que esto no es más lejos de la realidad: aunque haya personas a nuestro alrededor que nos grite lo maravillosos que somos, siempre tendremos a ese personajillo malvado dentro de nuestras cabezas intentando convencernos de lo contrario.

Dove Francia, asegura tras la encuesta de la campaña #OneBeautifulThought, que “sólo el 8% de las mujeres francesas se sentían seguras de su belleza y sólo el 3% se sentían realmente hermosas”.

Con todo esto, Dove pretendía lanzar y concienciar con el siguiente mensaje: “si no es aceptable decírselo a otras personas, ¿por qué nos lo decimos a nosotras mismas?”.

En eso consiste la autoestima baja: en destruirnos, criticarnos, maltratarnos e impedirnos alcanzar la felicidad que tanto nos pertenece por derecho de ser personas. Por eso es importante saber cómo mejorar la autoestima.

Además, ¿qué ocurre cuando te resfrías y no te cuidas el catarro? Que te hace sentir mal, que se mantiene en el tiempo y que, incluso, puede hacerte empeorar.

Siempre he considerado a la baja autoestima como una especie de enfermedad mal curada: un virus.

Llamo “virus” a esa especie de vocecita que tenemos por dentro que siempre intenta desarticular tus buenos pensamientos y los comentarios positivos que viene desde el exterior.

Ese ser que nos hace menospreciarnos no nos ha acompañado siempre, ha sido un monstruito que se ha ido instalando en nosotros con cada pensamiento irracional negativo o con cada mal comentario hacia nosotros que dimos como válido, como una enfermedad, como un germen.

Si nos paráramos más a pensar en la baja autoestima como una enfermedad que tiene cura, antes podríamos conseguir eliminarla. En psicología, no usamos la medicación como remedio para los trastornos psicológicos (en psiquiatría sí), pero existen fórmulas, técnicas y herramientas para combatir este tipo de enfermedades que se instalan en nosotros.

Al igual que un resfriado puede matar, si se agravan los síntomas, la baja autoestima también puede hacerlo. Una persona que no se aprecia, más bien que se repugna, puede llevar a cabo situaciones de riesgo para su vida, como ya hemos visto.

Estamos ante un problema que cada vez más afecta a nuestra sociedad, que más sufrimiento y muertes causa con el paso de los años, pero pocas veces ponemos remedio a ellas, porque todavía es tabú ir a un psicólogo, porque no nos enseñan a que debemos querernos, porque confundimos el deseo de un amor propio con egocentrismo, porque es mucho más cómodo seguir estando tristes.

Pero, LO MÁS IMPORTANTE, la razón por la que animaría a elegir comenzar a trabajar la autoestima es porque cada uno somos LA ÚNICA persona con la que vamos a compartir cada segundo de nuestra vida el resto de ella. Así que, ¿por qué estar sufriendo?

No será fácil, pero lo que se puede ganar es enorme. Muchas veces nos conformamos con excusarnos con no poder o ser capaces de hacer algo por miedo a comprobarlo realmente. Solemos tener miedo a lo desconocido o no actuamos por vagancia o conformismo.

El miedo siempre va a estar a ahí. Es algo natural y no por ser “valiente” implica no temer a nada. Tenemos miedo precisamente porque la naturaleza nos ha equipado con un detector de peligro para garantizar nuestra supervivencia. Si no tuviéramos miedo a nada, correríamos demasiados riesgos que pondrían en peligro nuestra vida.

Existe un vídeo que me encanta recomendar siempre que puedo cuando quiero motivar a alguien a dar el primer paso para trabajar y conseguir algo. Tienes que verlo, no tiene desperdicio.

Te dejo una última frase para que pienses en ello:

“No es tu aptitud, sino tu actitud lo que determina tu altitud”

Te animo a que empieces a caminar por este sendero hacia el bienestar y la felicidad. Eres capaz, lo sé.

María Cartagena

María Cartagena

La psicología ha sido desde el principio una devoción sin la que no imagino mi vida ni la de los demás, puesto que es algo que siempre nos ha acompañado, nos acompaña y lo hará en un futuro. La Psicología es la ciencia que estudia al ser humano con unos ojos científicos, pero con un “alma” pasional.

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